sábado, 22 de agosto de 2015

MESTEROS Y CORRALES (ii)

Corrales del  ayuntamiento

En 1722 el Real Consejo autoriza la obra de ocho corrales en los ocho egidos que componen las yerbas y aguas de Mendavia y se saca a remate de candela su construcción. Pedro de Irurzun, Procurador de la Villa de Mendavia, explica públicamente la necesidad de hacerlos, pues los mesteros que toman en arriendo los egidos no sólo toman las hierbas para la manutención del ganado, sino que pretenden que el ayuntamiento les otorgue derechos sobre leña para fabricar resguardos para sus animales, lo que ha ocasionado “grandísimos disturbios y pleitos”. Con ese argumento, para “mayor quietud”, se decide hacer los ocho corrales,  uno en cada egido.
Para el concurso de la obra se envían carteles a Cárcar, Lodosa, Andosil1a, Lerín y Sesma. El 19 de julio de dicho año el Real Consejo da autorización a la villa para pedir 1.800 ducados a censo de tres por ciento, para la edificación de los corrales, de los cuales 1.200 ducados los dio el convento de San Benito de la ciudad de Estella y los trajo D. Manuel de Carasa, acompañado por dos hombres.
Las trazas las hacen Francisco Echeverría y Nicolás del Castillo, maestros albañil y cantero. Para su construcción se autoriza un crédito por 1800 ducados. 1200 los dio el convento de San Benito de la ciudad de Estella. El dinero lo trajo el alcalde, Manuel de Carasa, acompañado por dos hombres (guardaespaldas). Tras los remates respectivos y alguna cesión de derechos, los distintos maestros se distribuyen la construcción así:
  • el Corral de Beraza lo hará Juan de Otegui;
  • el Corral del Pontón, Sebastián de Goicoechea, maestro cantero, vecino de Desojo;
  • el de San Bartolomé, Esteban de Goicoechea, maestro de obras;
  • el del Encimero, Francisco de Ychurriaga, vecino de Los Arcos;
  • el corral de la Vega, Gabriel García;
  • el de las Viñas, Antonio Catalán.
  • el corral de Calabazas y el de Majada el Pozo, Nicolás del Castillo, vecino de Torralba.

Cada corral fue contratado en torno a 170 ducados. Los trabajos fueron supervisados por el maestro albañil, vecino de Lerín, Joseph de la Fuente. De estos acuerdos iniciales no todos se cumplieron.
En 1726, cuatro años después, Gabriel García, maestro albañil, será quien tome la obra de los corrales de Beraza y Majada el Pozo, que aún están sin concluir.
Los corrales quedaron como propiedad de la villa que se encargaba de su arreglo y percibía un ingreso por su arriendo. De aquí va a nacer la distinción entre egido (arriendo de las hierbas y aguas) y corraliza (que incluye el arriendo del corral).
Otros corrales se destinaban al resguardo de la ganadería propia de la villa desde tiempos atrás. En diversas ocasiones a lo largo del siglo se mencionan el corral de la Dula, el corral del Monte, el corral de la Dehesa y los corrales del Soto Arriba y Abajo. Había además otros corrales dentro de la población. Se habla de uno debajo del Portillo. Otros pequeños corrales eran particulares; pero, en tal caso, guardaban unos pocos animales.
En los Sotos y el Sotillo, en la Dula, pastaban los ganados particulares de los vecinos: bueyes, vacas, yeguas, "el ganado de reja" por un lado, y el resto de vacas, pollinos y los cerriles por otro, y éstos no podían entrar en las hierbas del Soto hasta que se desvedaba para el ganado de reja, entendiéndose como cerriles hasta la edad de tres años. Las vacas pagaban al ayuntamiento a dos reales y medio y el vaquero cobraba su conducta en trigo; era responsable del valor del ganado y no podía admitir reses forasteras a gozar los pastos. El ayuntamiento cada año regaba los sotos por su cuenta para disponer de abundante  pasto. Los sotos estaban delimitados por "bardas" en las que había varios portillos para que entrara y saliera el ganado.
En 1690 se hizo una bereda para cerrar el corral del Monte, “uno en los que acubilla la vaquería y bueyería concejil”. En 1726 tuvieron que rehacer su tapia derruida. Ese mismo año Joseph Navarro de Azedo arrendó los fiemos de los corrales de los Sotos. Los corrales estaban bastante dañados. Cumplido su arrendamiento le exigen que los cierre (que los deje arreglados, sin huecos en las tapias). En 1738 existen el corral del Monte y uno en el Soto. En 1772 se habla del corral de la Dehesa donde acubilla ganado menudo concejil arrendado a la carnicería. En 1775 se reconstruyen los corrales del Soto arriba y abajo, derruidos por una crecida del Ebro. El albañil Vicente Marín hizo una cabaña en el corral del Soto Abajo para separar el ganado vacuno y mular. En 1797 se utiliza el corral de la Dula.

Facerías

Entre la villas vecinas se regían por Concordias o leyes particulares sobre aprovechamiento de hierbas y prendamientos. Son las llamadas facerías.  Mendavia las tenía con Sesma, Los Arcos, ciudad de Viana, lugar de Lazagurría y casa granja de Imas. Cada año se reunían en juntas con los pueblos que hubieran tenido problemas, para solventar sus asuntos. Los acuerdos incluyen el trabajo vecinal de amojonamiento de los términos divisorios y faceros. En ocasiones se originaban problemas como se recoge en el año 1773 en el libro de Propios, el gasto de 206 reales 25 mrs. entregados a los señores, del regimiento de dicho año y guardas de hierbas, para el seguimiento de varias causas de prendamientos que hicieron en las facerías de esta villa, a los ganados menudos de los mesteros de la villa de Los Arcos. En 1775 comenzaron a gestionar la supresión de las facerías: El depositario estuvo con orden de la villa ocho días en Pamplona para gestionar la confirmación de la causa sobre el ajuste y convenio de esta Villa con el Real Monasterio de Irache, sobre la disolución de las facerías y nueva escritura de concordia. Al año siguiente comienzan las gestiones para disolver las facerías con Los Arcos y Sesma. Las cosas estaban revueltas entre Mendavia y los pueblos vecinos. En 1777, alcalde, regidores, guardas de hierbas y otras personas, tienen junta con Sesma para tratar sobre la introducción de algunos rebaños de Sesma en las facerías comunes y cómo, habiendo enviado los de Mendavia sus guardas de hierbas a reconocer aquellas, se encontraron con dichos rebaños y los pastores que los custodiaban insultaron y atropellaron a dichos guardas. Con el paso de los años, las cosas no mejoraron y en la junta de 1791 que tuvieron con Los Arcos y Sesma trataron como tema principal las penas en que incurrían los que sacaban armas al tiempo de hacer la leña y prendamientos.

Guardas

Para vigilar los campos, hierbas y sotos y que mesteros y vecinos cumplieran con su obligación, había unos guardas que prendaban a los infractores, daban aviso al escribano de guardas para que anotara la denuncia en el libro de daños, se avisaba al veedor que tasaba el daño originado en cultivos, viñas u olivares y a partir de ahí el alguacil citaba a audiencia a los afectados y se imponían multas o si la cosa era más grave, se pedía consejo a licenciados o se mandaba el caso al tribunal de Lerín.
Durante muchos años todo se hacía con arreglo a la costumbre. A partir de 1797 estas prácticas se recogen en las primeras Ordenanzas Municipales con las que se quieren evitar contiendas, como dicen en el punto 24 de su pedimento: S.M. Félix Escudero, Procurador de la Villa de Mendavia, Dn. Juan Manuel González de Asarta, Miguel González, Josef de Ripa, Antonio Ordóñez, Josef González y Antonio Sagasti apoderados de sus vecinos dicen: que hasta aquí se han regido sin ordenanzas para denunciar e imponer penas a los que damnificaran, tanto con las personas, como con caballerías y ganados menudos por cuya causa se han originado muchas contiendas, porque los guardas anotan las denuncias sin citación de los prendados y deseando en lo sucesivo remediar todo inconveniente y que haya método fijo por el cual se han de regir todos los vecinos y moradores del pueblo, por ser su utilidad común. Juntos y congregados mis partes en 16 de Abril último, arreglaron las ordenanzas que se presentan compuestas de 64 capítulas, y hechas notorias a todos los vecinos en Concejo de 23 de Abril.
En el punto relativo a los guardas, se establece un libro donde se asientan “los sujetos que les toca guardar, ya por su casa o por rezagado para evitar fraudes y las muchas confusiones que se han observado, previniendo no ha de servir el efugio (la excusa) de tener corral, ni casa que sea de algunos sujetos, sino que ha de ser habitable, y vivir en ella cada uno en su distinta posesión, como suya propia, y de otro modo deba de poner, y precisarle a que guarde por rezagado, cuyo libro lo guardará el Escribano de Guardas”. Según se ve,  se distribuían las guardas entre los vecinos “sin casa”.
Se ordena que haya 16 guardas y se divide el término municipal en 8 pagos ("pegos"). Se distribuyen los guardas por pagos: para Yasa y La Lomba (Baloria), 2; para Yasa y Madrenegra, 2; para Beraza y Cerrados, 2; Pasada de Calabazas arriba, Rubio alto y bajo, desde ahí hasta la población, 2; Regadío Abajo, 2; Regadío Arriba, 2; El Arenal, 2; y La Vega, 2.

Ordenanzas Municipales sobre tierras de labor (1797)

Además de regular el riego, según se vio, en las ordenanzas de 1797 se incluyen muchos otros aspectos de la convivencia. En relación con las tierras de labor se establecen algunas normas. Se sanciona por los rebaños de ganado menor que entran en terrenos cultivados  (panificados, es decir, tierras con cereal; o cualquier otra tierra con fruto). Las penas son mayores para el ganado mayor. Se multa por los rebaños o ganados que entran en rastrojos o barbechos regados (en blando). También son sancionadas las personas que entran en viñas, o tierras sembradas con legumbres, a “levantar” el fruto; e igualmente por entrar a arrancar yerbas, espárragos, cardos, “rubia” (marrubio) o espinos sin licencia de los dueños; o por espigar antes de las fechas señaladas, o por pasar por los sembrados, o crear “sendas viciosas”. Pueden denunciar los abusos tanto los Regidores, como los guardas, los dueños de las heredades o los estajeros (segadores a destajo).

lunes, 10 de agosto de 2015

MESTEROS Y CORRALES

Mesteros

Los mesteros arrendaban los egidos de la villa para alimentar sus rebaños. Los mesteros y ganaderos eran generalmente familias acomodadas y con frecuencia presbíteros beneficiados de la parroquia, los cuales incrementaban sus rebaños con las aportaciones de los diezmos. Cuando un mestero no tenía suficientes reses para completar un rebaño, podía "arrebañar" (meter en su rebaño) ovejas o carneros cobrando una renta por cada cabeza. Las marcas eran primordiales para sacar de apuros cuando por cualquier causa se juntaban dos rebaños y se mezclaban las reses.
Los mesteros, además, estaban presentes en el regimiento de la villa, bien como alcaldes o regidores, o bien haciendo parte de las juntas de la veintena constituidas a final del siglo XVIII. Poseían tierras de labor, por lo que también eran agricultores.
Tenían para su organización un alcalde de mesta que entendía en los conflictos que surgían del aprovechamiento de hierbas, aguas y facerías, aplicando en estas últimas las concordias o convenios que recogían las leyes establecidas en las juntas anuales con los pueblos limítrofes, la granja de Imas y la casa de Legarda, éstas dos situadas en Mendavia pero pertenecientes al monasterio de Irache. Juan Ramón de Ibarra fue Alcalde de Mesta por un año desde Todos los Santos de 1789 (Ibarra fue teniente de alcalde en 1791).
Entre los reglamentos de la Mesta estaba la obligación de concurrir a las juntas. Como regla general, había prohibición expresa de sacar el ganado a pastar si había llovido y el terreno estaba blando. En tal caso debían esperar un par de días a salir con el ganado, a no ser que en el pueblo hubiera llovido y no así en el término donde se hallare el ganado menudo. Estaba expresamente prohibido pastar al ganado forastero. En 1765 son multados los dueños de unos toros forasteros en 14 reales, 32 mrs. por pastar en las yerbas de los Sotos.
También se hacían trampas, intentando saltarse los reglamentos. En 1774 es denunciado el vecino Mathías Irigoien por introducir cuatro bueyes forasteros, con engaño a Juan Francisco Martínez, pastor de la bueyería concejil, diciéndole que eran de la vecina Magdalena González, que los había traído de Estella para trabajar con ellos y si tenía ocasión para venderlos.
A finales de siglo XVIII algunas situaciones no están claramente establecidas por lo que deben acudir a consultas con abogados. En particular ocurre con unos bueyes que conducían víveres para los Ejércitos y se introducen a pastar (1795). Y con unos toros y novillos del Monasterio de Irache (1797-1798). Se consulta a los abogados de los tribunales reales Francisco Solano, de Lerín, y Juan Josef Pagola.

Las cañadas ganaderas

Las cañadas son vías pecuarias que enlazan territorios con recursos en pastos distintos y complementarios, principalmente recorrida por ganados trashumantes. Las de Navarra tienen su origen y explicación en la diversidad bioclimática provincial, con inviernos húmedos y precipitaciones nivales en el Pirineo, más secos en la Ribera, y con veranos de altas temperaturas en las tierras llanas del Sur y frescos en la Montaña. Conjugando ambos factores fue posible que el ganado pudiera pastar al aire libre durante el año, en los pastizales de la Ribera durante el invierno, cuando la nieve cubría los montes, y en las sierras de la Navarra Media y Montaña durante el verano.
Un estudio, publicado a principios de siglo XX, fijó las cañadas reales en siete, enlazadas entre sí por una densa red de traviesas y ramales; de ellas, la de Imas-Irache une las tierras llanas de la Ribera mendaviesa con las sierras vascocántabras de Urbasa y Andía, y otra recorre la Depresión del Ebro entre Logroño y Ejea de los Caballeros, pasando por las cercanías de Mendavia, los Montes de Cierzo y las Bardenas Reales. Interesa aquí la Cañada de Imas a Irache, que iba desde Imas hacia el Norte por Arróniz, hasta el pie de Montejurra y la sierra de Andía. Era utilizada por los rebaños del monasterio de Irache y los mesteros para trasladarse a Imas, y regresar. Alcanzaba una longitud aproximada de 31,7 km.

Arriendos de egidos y transhumancia

En las condiciones de arrendamiento de los mesteros de Mendavia se especificaba claramente dónde empezaban y acababan los pastos, y dónde podían gozarlos cuando la ganadería subiera a la montaña.  Era  lo más correcto que cada mestero tuviera su escritura de arriendo. Así estaba regulado: El mestero que quiera echar ganado deberá presentarse ante el Alcalde de Mesta desde el día de San Juan hasta el de San Miguel para que se le dé su suerte. En 1754 en el auto de arrendamiento se dice que en cada egido sólo podrán entrar a gozar con 600 cabezas, 50 más o menos. El arriendo concluye el 24 de junio y comienza desde Todos los Santos hasta el día de San Pedro, y dicho día se desocuparán los pastos so pena de dos reses de día y cuatro de noche.  Que para Todos los Santos las hierbas eran para el disfrute de los mesteros por costumbre no estaba tan claro, pues se discute en 1790 ante los Tribunales Reales. A un ganadero le prendaron su rebaño el 2 de noviembre y dijo que ni la villa tiene derecho por auto ni expediente a prohibirle pastar. No obstante las dudas, el licenciado Francisco Solano de los tribunales reales y vecino de Lerín le dio la razón al mestero (1790). Se hace observar que cualquier vecino puede tener libremente y sin pagar, seis cabezas de cabrío y si pasa, pagar a la mesta dos reales de cada una.
El guarda Miguel Romero denunció al pastor Antonio Alegría en 1 ducado por pastar con su rebaño de Baloria, en yerbas de Beraza. Alegría defiende su derecho a pasto desde Santa Cruz de Mayo, hasta San Pedro. El Alcalde le exige presentar la escritura (1799).

Hierbas de verano

Cuando llegaba la época de dejar las hierbas libres, cada año desde el día 4 de julio hasta San Lucas, 18 de octubre, ocho días más o menos, se reservaban unas hierbas de verano para las reses que por ser viejas o impedidas no podían hacer el camino a Urbasa. Estas reses debían declararse formalmente.
Si no se hacía así, las medidas eran radicales. Los guardas de hierbas Antonio Sádaba y Lorenzo Las Peñas hallan pasturando un rebaño en Plana Hermosa, lo sacan y sancionan carnerearon una res, se degolló y picó en la carnicería y peso 6 libras que se vendieron a 24 mrs. la libra que se repartieron con arreglo a la costumbre (14-09-1764). En 28 de agosto se remató una oveja que se cogió a Pedro Antonio Fernández de Piérola, vecino de Lazagurría, en el término de Baloria, por pastar con su ganado menudo, y quedó rematada como en el mejor postor en 14 reales por Benito Balerio, vecino de ésta villa, con candela y bandos (1788).
En 1773 se hicieron prendamientos de rebaños de Los Arcos introducidos en las facerías de ambas villas fuera de fecha. En ocasiones acudieron a Juntas con los pueblos limítrofes o a los tribunales para determinar el derecho excepcional a pastar en el tiempo de verano. El Regidor recuerda en una audiencia de 1784 que los mesteros no tienen derecho a introducir otro ganado que el que introducen al tiempo de hacer el reconocimiento (las reses viejas o impedidas declaradas como tal) y no pueden bajar de la Montaña reses hasta el día de San Miguel.
Los mesteros de Mendavia se desplazaban buscando hierbas para sus ganados. Se conserva una demanda de Domingo de Valmaseda, de Oncala, contra Juan José de Osinaga, de Mendavia, por arriendo de hierbas y aguas en Galarreta (Salvatierra  - Álava, 1788-1789).

El derecho a leña


El derecho a la leña fue otro asunto que ocasionó grandes disturbios entre ganaderos y vecinos. De modo que se intentó regularlo. En 1702 establecen que la Mesta para acubillar su ganado menudo, pueda hacer leña en los términos y puestos acostumbrados como son la Salceda del Soto de Arriba y en la del Soto de Abajo, debajo la Peña, orillas del Río Mayor hasta la Presa de la Vega y todas las orillas de Ebro, desde la Barranca de Baldegón hasta Soto Cruz, y si no hubiese en esta Villa más de seis egidos no puedan hacer en el monte de ella si no es 600 gavillas y si hubiese más rebaños pueda hacer cada uno 200 gavillas entendiéndose esto tan solamente los egidos que estuvieren de la parte del Río Cascajo hacia el monte y el rebaño que llegare a 400 cabezas, pueda hacer 120 gavillas y el que haga más tenga pena de medio real por cada gavilla. Sin embargo, los conflictos por la leña continuaron, por lo que se buscó la solución con el establecimiento de corrales del ayuntamiento.

domingo, 12 de julio de 2015

DE VIÑEDOS Y VINOS

En 1782 había viñas que se habían introducido en caminos, según se ha visto: en Carra la Rueda, 18 viñas; los Majuelos de Arriezu, 23 viñas; Pasada de las Largas, 43 viñas; Carra Logroño, 18; por la Callejada, 7. Hacen un total de 109 viñas en estas condiciones.
Aunque el trigo y la cebada eran los cultivos predominantes en el pueblo, la viña iba en aumento. El cultivo de viñas tenía aparejada la elaboración de vino. En las casas principales había grandes bodegas con enormes cubas.
Una idea de la producción de vino en Mendavia siglo XVIII la da la bodega de la primicia, la de la Granja de Imas y el sorteo de cubas que se realizaba. La bodega de la primicia correspondía a la uva que recibía la iglesia en diezmos y primicias.

El vino de la primicia y la abadía

El vino de la Primicia se sacaba a venta cada año. El sacerdote primiciero se encarga de ello. En 1746 sacan 120 cántaros a medio real el cantaro. En 1785 se incrementó la produción de la iglesia a 1.260 cántaros. En 1811, en plena guerra, el cargo de vino perteneciente a la Abadía de Irache lo administra el Ayuntamiento: 662 cántaros de la Abadía en Imas, más 40 cántaros del diezmo de Mende la vieja, son 802 cántaros.
En Mendavia, como en muchos otros lugares, la capacidad de cubas y pipas son variables. Sin embargo, pueden encontrarse muestras en los textos de los archivos municipales que asignan a una cuba unos 660 litros (60 cántaros) y a una pipa unos 2600 litros (200 cántaros).

El precio de la uva

A finales del siglo XVIII se establece el precio de la uva y el mosto en el ayuntamiento. La  moneda es variable.


Carga de uva
Cántaro de mosto
1775
10 reales
2,5 reales
1786
5 reales
1 sueldo fuerte

Sorteo de cubas

Para vender el vino al público particular o a la taberna, el regimiento efectuaba un sorteo, que determinaba el orden por el cual los cosecheros sacaban el producto. Un ejemplo: el 25 de marzo de 1784, con asistencia de muchos interesados, se hizo el sorteo de cubas, y quedaron así: 1º Vda. de Aguirre; 2º D. Ramón Ximénez; 3º Juan Joseph Ibarra; 4º Angel Arróniz; 5º Santos Labeaga; 6º Ignacio Sagredo; 7º Antonio Albisua; 8º D. Lino Ordóñez; 9º Joseph de Ripa; 10º Joseph Ordóñez; 11º Miguel González; 12º D. Ramón Palacios; 13º D. Francisco Remírez; 14º La Primicia; 15º D. Manuel González; 16º Joseph Alcalde; 17º D. Agustín Sagredo; 18º Pedro Quadrado; 19º Lorenzo Lacalle; 20º Sebastián Irigoyen; 21º Lorenzo Martínez; 22º El Sr. Obispo; 23º D. Antonio García; 24º Juaquín Quadrado; 25º Ramón Marquínez; 26º D. Juan Antonio Zalduendo; 27º D. Juaquín de Irigoyen; 28º Xertrudis González; 29º Pedro Miguel Larraynzar.
En un cálculo muy aproximativo, de 30x800, daría unos 24000 litros, que se venderían ese año, sin contar con otras cubas de fuera del pueblo, tocando a unos 8 litros por habitante de la villa al año, o unos 40 litros por familia de 5 personas. Ya el consumo de vino para la fecha se había hecho importante.

Arriendo de taberna

El arriendo de la taberna salía cada año, en enero. Fueron arrendadores Gregorio Istúriz (1693), Eugenio Márquez (1699), Joseph de Abalos (1718), Santiago Alonso (1743), Lorenzo Casado (1761, 1764), Juan Joseph de Echeverría (1767), Bartolomé de Aguirre (1770, 1772, 1782), Juan Manuel González (1775, 1777), Santos-Saturnino Elvira (1787, 1788), Esteban González (1793), Manuel Subero (1794), Miguel Martínez de Baquedano (1795), Francisco Gómez (1800). A comienzos de siglos XIX venden aguardiente Manuel Lacalle (1807), Javier Elvira (1808) y Genaro Íñigo (1809).
Algunos personajes que llegan a Mendavia supervisan el vino que se expende. El obispo Gaspar Miranda Argaiz lo prueba y duda de si es vinagre (1754). D. Pedro Ochoa de Olza, Alcalde Mayor del condado de Lerín, Juez de Residencia en lo civil y criminal, en su estancia en Mendavia el año 1764, dice que el pan y vino que se da en las beredas no son de buena calidad, pero en las cuentas se reflejan como buenos.
En 1757 y 1758 el regimiento realiza advertencias a los vecinos que desean vender su vino cosechero en casa, sin perjuicio de la taberna y con las regulaciones debidas. Se exige que un práctico apruebe las condiciones de venta.

Evolución de la renta anual de la taberna                                

Estos datos anuales del pago por arriendo de la taberna pueden ser otro interesante indicativo de la producción y consumo de vino en la villa.

Año
Reales
1699
165
1743
330
1775
864
1782
1.176
1794
1.360

Puede apreciarse el incremento notable del pago del arriendo, lo que muestra que los beneficios obtenidos también fueron en aumento. Entre las condiciones confirmadas por el Real Consejo en 1795 la primera establecerá que tal renta no baje de 660 reales.

El Real Consejo de 1795

Entre otras condiciones que se fijan para la venta y consumo de vino en el pueblo resaltan las que favorecen a los cosecheros para vender libremente su vino, y a los vecinos en general para traer de afuera vino para su consumo. Las regulaciones más estrictas se establecen para el sorteo y venta del vino en la taberna. Se recogen aquí estas normativas:
· Que si los cosecheros de vino de la Villa lo tuvieran propio de su cosecha, lo ha de vender precisamente el arrendador de la taberna, y en ese caso no se ha de poder traer de fuera.  Que cuando no haya vino de dichos cosecheros en el pueblo, podrá el arrendador conducirlo de los pueblos inmediatos.
· Que los vecinos, con arreglo a la costumbre antigua, puedan traer vino de fuera para su propio consumo, sin que nadie se lo pueda estorbar, ni incurra en pena alguna.
· Que para vender el vino de los cosecheros del pueblo, se sortearán entre todos 10 cubas y dará principio a vender el primero que sorteare y así sucesivamente.
· Que el cosechero que quiera vender el vino en su propia casa, lo pueda hacer cuando quiera y no podrá en este caso valerse para su venta del arrendador de la taberna, su mujer, ni familia y lo deberá hacer por medio de cualesquiera persona o personas que les pareciere.
· Que los vecinos con ningún pretexto ni motivo puedan traer vino común para vender en sus casas.

Que se planten viñas

Ante al incremento de consumo del vino, en 1796 el alcalde propuso que, como es muy poco el viñedo que hay y, por lo mismo, la mayor parte del año falta abasto de vino, los vecinos tienen que traerlo de fuera o proveerse en la taberna, con mucho dispendio y coste, y en atención a que hay términos apropiados para viñas, deliberen lo que les pareciese. Los vecinos dijeron que se planten viñas en las tierras labradías del término de Beraza, Marinegra y Pie del Rubio, hasta la pasada que baja a la hoya de Valilengua y que el ganado menudo pueda gozar en dichas viñas, desde la vendimia hasta el día de Nuestra Señora de Marzo, o algunos días antes, según el estado y adelantamiento de las viñas y que se haga saber a la Mesta esta resolución, para que le conste y se solicite al Real Consejo, para lo cual dan poder a Félix Escudero, procurador de esta villa.

Todos los acontecimientos se acompañaban con vino

Tanto el día de San Fermín (1709) como la procesión con Ntra. Sra. de Beraza, patrona de la villa, desde la iglesia a la capilla que se hizo nueva (1713) se concluyen en celebraciones populares con vino. La cofradía de San Isidro Labrador y San Antonio Abad repartían anualmente a los cofrades entre 12 y 20 cántaras de vino.
Las beredas de trabajo se acompañan con pan y vino. En ocasiones se agrega queso y, en casos especiales, hasta sardinas (en 1709 se gastan 29 reales en pan, vino y unas sardinas, con la gente que fueron a señalar los 11 casos; a 7 reales el  ciento de sardinas).

El siglo de las beredas. Experiencia de organización vecinal

Se pueden revisar algunas de las beredas desde finales de siglo XVII y durante todo el siglo XVIII. Es sorprendente cómo con el establecimiento de las Juntas de Veintena como gobierno municipal más aristocrático el sistema de beredas se fue extinguiendo.
La mayor parte de ellas se hacían para mejorar la fluidez de los cauces de los ríos o reparar sus daños en el pueblo, en puentes y caminos. Se ahonda el cárcabo (1692), se deshace una estacada en medio del Río Ebro (1701), se ponen estacas en el Río Ebro para su defensa (1704, 1708, 1712, 1738, 1745), y en el Puente Grande, para defensa de las avenidas y que no entrase la agua en el lugar (1707), se abre un desaguadero en el Río del Moral, se quita el agua de las avenidas del Río Salado (1709, 1718), se compone el valladar debajo San Bartolomé, para defensa de las avenidas del Río Salado (1717, 1775), se compone la presa del Río Mayor, y se componen otros ríos en la Requeja para regar los Sotos, a causa de haber causado ruinas una avenida de dicho Río Mayor (1725, 1739, 1744, 1763, 1774), se  repara el cespediado y borde que contiene las aguas que bajan del Río Salado al Río Mayor (1764), se abre una porción de cauce, en el paraje que llaman la Helera, para conducir el agua al Río Molinar y echar la fuente de Lazagurría al cauce del río Nuevo (1708, 1721, 1726, 1737, 1774), se limpia el cubo del molino, el río del mismo y el río Cascajo (1718, 1723, 1746, 1766), se hace el cespediado de El Moredo (1723), se limpia el Río Madre de Carralegarda, Carra Imas y la Cárcaba (1721, 1740, 1787), se hace un río nuevo en el Soto de Abajo, para impedir que se inundase el Aguachinal (1780), se compone la Presa del Soto, se limpian ríos para regar (1767, 1768, 1785, 1792). Se cierra la cárcava del Arenal para conducir el agua del Ebro para los Sotos (1725, 1763).
Se componen caminos a Carre Legarda, Carre el Carro, Carra el Soto, Carra la Rueda y algunas puentes que cruzan los Ríos (1711, 1791), se componen el Calvario, caminos  Carre Logroño (1739, 1774, 1782, 1785), camino de Imas (1792), camino del Puente Grande hasta el río Cascajo y el camino de la Vuelta del Monte, camino del río Molino, camino de Parte el Prado (1788), los caminos para subir a la iglesia, que estaban intransitables por las muchas aguas que cayeron (1787), se abre una carretera hacia el molino harinero para el mejor tránsito de los carros (1746), se compone la Plaza (1783) y se compone la puente que llaman de la Fuente (1787), se allana el Corral del Concejo y la carretera que está sobre él, que fue preciso para el uso del acarreo y del tránsito de coches en el Camino Real (1751). Se echa cascajo en la calzada, desde el Río Cascajo hasta la entrada de la villa, pasando por el Puente Grande, que es camino carretil para la Ciudad de Pamplona (1760, 1771). Se componen los caminos hacia Los Arcos, Sesma, Lerín, Lodosa y Viana (1711, 1763, 1771). 1783 fue especialmente frío, con muchas nevadas y lluvias que obligaron a componer totalmente la plaza y varios caminos por estar “enronados” e intrasitables, igual se llevaron las avenidas, la presa del Soto. Se hizo todo a beredas.
Otro tipo de beredas no mencionadas con tanta frecuencia dan ideas de la variedad de faenas comunitarias realizadas en el pueblo:
Sacar las aguas del pueblo, que inundaban las casas de los vecinos (1789, 1791).
Plantar árboles en el camino de Legarda y también alrededor del Santuario (1704), limpiar de árboles el Soto, abrir hoyos para la plantación de árboles y cavar el vivero (1759).
Recoger nieve y hielo en marzo, para vender en agosto, limpiar y escombrar el pozo de la nevera (1702, 1709, 1711, 1721, 1736, 1739, 1780, 1785 y 1786).
Echar las suertes de los términos de Baloria y Beraza (1704) y señalar 11 casos (1709), barear y medir el término del Arenal (1725).
Componer y señalar las mugas de los término de Imas y La Sarda, reconocer las mugas y mojones de la villa y circunvecinas (1712), en el Soto de Baldegón (1731), con los de Villamayor, enmendar ciertas tierras que se habían introducido sin licencia (1717), poner las mugas en piedra de la Dehesa,  conducirlas desde Imas (1746).
Recorrer campos y caminos, registrar términos y mugas, para ver si había gente de mala vida (1710, 1739), circunvalar las orillas del Ebro, poniendo sus respectivos centinelas y en los demás términos, varias cuadrillas, para que aprehendiesen cualquier sujeto que transitase, no siendo conocido y con sospecha de mala vida y gente vaga (1770), recorrer ladrones por ferias de Tafalla y San Fermín (1745, 1791), vigilar a los vecinos de Alcanadre que hacían cortes de leña (1722), reconocer caminos por si andan gitanos, para prenderlos por orden del Sr. Conde de Moreda, Virrey de este Reyno (1745).
Realizar el resaque de lobos (1739, 1791).
Cerrar el Corral del Monte y el de Soto, para cubillar la vaquería y bueyería (1738).
Hacer una balsa en el término de Valoria debajo la Fuente de la Ventosilla, para que en ella abrevasen las ganaderías concejiles (1693).
Componer la Fuente de Balondo (1707).
Cerrar y componer la plaza para correr los toros (1712, 1721, 1722, 1737).
Poner puentes para la procesiones a Lodosa y Alcanadre y otra a Legarda (1712).
Cortar maderas para la escuela (1709), componer la Casa de la Villa y Cárcel (1738), componer la escuela, el tejado del molino y el Portal de la Villa (1768).
Limpiar y escombrar la Capilla del Sto. Cristo en Ntra. Sra. de Legarda, llevar yeso y ladrillo para su composición, y colocación del Sto. Cristo de Legarda en la capilla nueva (1739).
Descombrar el Hospital, por haberse hundido y cogido sus tapias la calle pública, dejándola intransitable (1745), demoler el Hospital, escombrarlo, subir la madera y otros materiales que podían aprovecharse, al granero de la villa, abrir los cimientos y conducir desde la tejería 6.400 ladrillos y 1.700 tejas para la fábrica de dicho Hospital (1746).

Recoger gente presa para cumplir con la orden que se tuvo para la primera leva de soldados (1718).

sábado, 4 de julio de 2015

REGADÍOS DE MENDAVIA (siglo XVIII, parte b)

Puente de El Arenal (1767)

En 1767 se sacó en candela la obra del puente de El Arenal, para el paso de las ganaderías concejiles. Se había de hacer con arreglo a las declaraciones de Gerónimo Solano, maestro de obras vecino de Sesma. Se debe demoler la obra vieja, y construir el nuevo con piedra de sillería traída de Imas. Se queda la obra Joseph García, albañil vecino de Lodosa,  en  1.000 reales.

Mejoramiento del Regadío Nuevo (1776-1779)

El ingeniero hidráulico francés Francisco Gency  y el alcalde Mathias Palacios protagonizan nuevos arreglos del Regadío Nuevo. En 1776 se llama a Francisco Gency para que haga las trazas para las mejoras del cauce del nuevo regadío. Apoyan el proyecto fray Veremundo Foio y fray Joaquín de Solchaga, abades del Monasterio Real de Irache en este año y el siguiente, respectivamente, interesados en el riego de las tierras de Ntra. Sra. de Legarda.
En 1779 se ha comenzado a trabajar en el proyecto. Francisco Gency presenta inconvenientes técnicos para hacer el vertedero de las aguas con su antepara en el principio del Alto de la Veguilla; los vecinos determinan que se suspenda esta antepara y se llame a otros técnicos para que opinen; finalmente se decide que Gency ponga dicha antepara en el paraje más cómodo y que menor daño cause al terreno, con un criterio digno de la actual sensibilidad ecológica.
A final de año se concluye la obra y se determina nombrar, después de la mediación del Real Consejo, a Manuel Espinosa y Antonio Ezcondu, maestros de obras vecinos de Olite y Mendigorría, para hacer el reconocimiento por parte de la villa; y a Vicente de Arizu, maestro de obras vecino de Tafalla, y a Pedro Joseph Lezaun, vecino de Estella, por parte de Francisco Gency.
Algunas observaciones detalladas de quienes reconocieron la obra permiten ajustar los pagos, de modo que Gency tiene que dar fianzas y responder hasta tres años de concluida la obra. Se le pagarán 17.500 pesos en ese momento y los otros 20.000 pesos durante los tres años siguientes. Hubo de intervenir el Real Consejo, con varios decretos, pues ni Gency solucionaba los problemas que se presentaron en su obra ni la villa le pagaba lo acordado. En 1780 la villa pide autorización para endeudarse (pagar a censo). Los vecinos beneficiados comienzan aportando algunos dineros. Todavía a finales de 1781 el asunto está sin resolver. Aún en 1782, Manuel Modet, apoderado de la Viuda de Lalane, y ésta apoderada de Francisco Gency, solicitan se le paguen las mejoras a fin de evitar pleitos.

Agua para Pamplona, con Francisco Gency
Sistema de abastecimiento de agua a Pamplona, anterior al aprovechamiento del manantial de Arteta. Consistía en la captación de los manantiales de Subiza y su traída hasta Pamplona. Las obras dieron comienzo en abril de 1779, de acuerdo con el proyecto redactado por el Ingeniero hidráulico francés Francisco Gency en 1777, reformado a su vez del elaborado por el mismo Ingeniero en 1774, para adecuarlo al informe emitido por la Real Academia Matritense de San Fernando, que sugirió sustituir las tuberías inclinadas del trayecto, por el clásico procedimiento de los acueductos con agua rodada.

Regadío en El Arenal (1779-1781)

En 1779 se proyecta abrir la Madre de El Arenal, sus brazales y demás conductos para el riego. El importe lo deben satisfacer los interesados según sus tierras. Se comienza pagando una peseta por robada. Se norma que en adelante todas las limpias de  esta Madre y sus brazales, y los rompimientos que experimentaren, “no siendo a mano airada”, se paguen en común, en proporción a las tierras que se posean.
Manuel de Espinosa, maestro de obras vecino de Olite, hace las trazas y presupuesta en 16.676 reales sin incluir las regaderas ordinarias que deberán hacerse por los mismos interesados. Parecen excesivos los costos. También se opina sobre la necesidad de dividir las aguas y unos dicen que no es necesario hacerla  y que se reponga la antepara antigua que se deshizo sin consentimiento de los vecinos. Por fin, se llama a Ángel Santos Ochandátegui, maestro de obras, para que conozca las trazas y condiciones, y dé su parecer. Finalmente se siguen sus observaciones y se realiza su plan. Las obras del regadío dirigidas por Ochandátegui son reconocidas por Domingo Fernández de Campomanes y José Pablo de Olóriz,  comisionados del Consejo del Reino. Observan que tiene más caída de la que debía tener (18 pulgadas de más) y por eso sufre las consecuencias de las riadas del mes de diciembre.
(Es caída conveniente 1/4 de pulgada (0.64 cm) por cada 12 pulgadas (30.48 cm) de longitud. Se puede expresar aproximadamente como "1/4 de pulgada por pie" ("0.64 cm por 30.5 cm") o bien 2% de caída. La caída de la Madre puede estimarse con un medidor actual de altura (sistemas GPS) en la Madre, desde el punto en que la caída se pronuncia. Debe medirse la longitud del canal y las alturas inicial y final. El porcentaje debería ser menor de 2 %. El canal debería haber salido más adelante, pero supondría más metros de longitud, y más costo. Las 18 pulgadas (46 cm) se refiere a la altura de diferencia con la altura proyectada como ideal para la desembocadura en el Ebro).
El regadío de Mendavia no fue uno de los mejores logros de Ochandátegui. Posteriormente hubo de hacérsele ajustes. Participarán en ellos los maestros de obra Sebastián de Ondicola, vecino de Oteiza, Vicente Arizu, Juan Marzal, Manuel de Espinosa, Antonio Alonso  y Joseph Arróniz. En 1781, después de algunas discusiones, a  Sebastián de Ondicola le pagan algunas mejoras realizadas al proyecto inicial.

Santos Ángel de Ochandátegui Ituño

Ochandátegui fue maestro arquitecto vizcaíno nacido en Durango en 1749. Activo en Navarra entre 1777 y 1802, año de su muerte, y reconocido por sus obras. Trabajó principalmente con Ventura Rodríguez, siendo los introductores del neoclasicismo en Navarra. El remate de la torre de San Pedro de Puente la Reina (1777) representa en la obra de Ochandátegui la primera manifestación de la evolución del tardo-barroco hacia formas clasicistas. Autor de la torre de la parroquia de Mendavia (1782), es en la iglesia de San Pedro de Mañeru donde alcanza plenitud con el nuevo estilo neoclásico. Fue director técnico de las obras del acueducto de Noain entre 1782 y 1790, siendo su obra cumbre la fachada de la catedral de Pamplona, en la que participa bajo la dirección de Rodríguez en 1782. Construyó, además, la casa prioral de Pamplona y el regadío de Puente la Reina.
Ochandátegui, director de Caminos de Navarra entre los años 1780 y 1801, proyectó -por las rutas en las que hoy pasan- carreteras que las consideraron "completamente disparatadas":  una carretera que unía Pamplona con San Sebastián por el Leizarana, a Logroño (por la actual Nacional 111), a Sangüesa (por la N-240) y a Bayona. Otro sueño más descabellado de Santos Ochandátegui fue el de la Navarra navegable. Curiosamente, ese proyecto no fue del todo desdeñado por la Diputación. Las Cortes ya habían considerado en 1775 la posibilidad de unir el Ebro con el Bidasoa. En 1788, Ochandátegui propuso la ruta por el Aragón, adentrándose en el Arga, subiendo por el Arakil hasta Irurzun, remontando el Larraun para salir por un túnel al Araxes, desde donde se ganaría el Oria. En sus sueños imposibles, Ochandátegui había unido el Mediterráneo con el Cantábrico. La Diputación navarra tomó muy en serio su sueño, pero al no ver la manera de financiarlo, sólo queda un vestigio: 7 km al sur de Tudela, se encuentra la presa (bocal) de Fontellas, un dique seco. Mientras tanto Ochandátegui construyó canales en Milagro, Puente la Reina y Mendavia.

Mejoras en el cauce de la Vega (1782-1783)

Eugenio Gómez; Mathías Odériz y Martín Joseph Odériz su hijo, agrimensores;  Andrés García; Manuel de Espinosa y Josef Arvizu ejecutan algunas obras para perfeccionar las obras del cauce para el riego del término de la Vega. Juan Gómez, maestro de Calahorra, declara lo hecho.

Otros pequeños puentes

Muchos otros pequeños puentes se construyeron en estos años. En 1768 José García, albañil de Lodosa, arregla el puente Fustero. En 1773 se componen los puentes de Carra el Soto, el de los bocales y el del huerto de Torres. En 1779 se repara el Puente de El Arenal que llaman El Francés. Ese mismo año Manuel Irigoyen y Gregorio Aragón, hacen un puente de madera y barda en la Veguilla, para paso de gente, ganados mayores y menudos para el abrevadero del río Ebro. En 1783 se hace un puente de madera en El Fustero, para paso de carros y caballerías al término de El Arenal y otro puente de madera en la Cárcaba para el paso del ganado de la Dehesa. Se hacen varios pequeños puentes más con grandes piedras o maderas colocadas en los ríos para tránsito de personas y caballerías en el acarreo de mieses.

Normativas: delimitación de tierras, cultivos y derecho de riego (1780-1782)

Una vez que se construye el regadío, se van creando las normas para el riego. Quitar el agua, usar agua perdida o sobrada, dejar abiertas las hiladas, partir las aguas, poner paraderas, son acciones que generan discusiones, acusaciones y en algunos casos multas. Todo ello va llevando a regularizar los riegos por turnos, tierras y cultivos. Desde 1767 se comienza por establecer algunas normas, hasta que se ven formalizadas en 1780.
El año 1782 se siguen realizando juntas para determinar los pagos por hacer y acordar algunas normas para el riego. Determinaron que se riegue por turnos, en primer lugar los trigos y cebadas.
Los términos de cultivo se dividían en pagos, hojas y tablares. La tierras de cereal se partían en dos hojas o sectores en los terrenos de año en vez. El viñedo y los frutales, por ejemplo, se situaban en zonas determinadas de cultivo o pagos, distinguibles de barbechos, pastizales o rastrojos, como modo de protección frente a la acción de los ganados. Los tablares eran delimitaciones de las tierras de regadío destinadas a hortalizas y legumbres, principalmente. Se hace distinción de las tierras que son o no “cañemar”, ya que el lino y cáñamo se podían cultivar cada año en lugar de “año vez”.  Se consideran cañemares algunas zonas cercanas al pueblo, junto al camino de Legarda, El Prado, Carra Logroño…. En las demás zonas deben sembrarse las hojas correspondientes al año “según costumbre”. Sin embargo, habas, legumbres e ilarzas pueden sembrarse en cualquier parte todos los años.

Conflictos por riego (1794-1795)  y Ordenanzas Municipales (1797)

En los años 1794-1795 se ocasionaron diversos conflictos en relación con los riegos. En 1794 el molinero no abrió la presa y un vecino por su cuenta la abrió dañando la puerta de la caseta.  En 1795 un par de vecinos regaron las casas del pueblo al regar su huerto.
Para solventar estas y otra situaciones, en el año 1797 se hacen unas Ordenanzas Municipales de Mendavia.  Referentes al riego se acuerda, entre otras: Poner regadores para las viñas. Las viñas recién plantadas tienen prioridad de riego el primer año. Poner regador para controlar el agua de Codés, para los huertos, para las hortalizas y para los cáñamos. Deben dar prioridad a las hortalizas cuando tienen falta. Se establecen turnos de riego y no se puede quitar el agua al regador. Los vecinos e interesados en tierras, o sus arrendatarios, están obligados a pagar, o a limpiar los brazales que tocan a sus tierras. Nadie puede “picar las lintes”, sino que debe tomar el agua por donde les toque el riego; no se puede cruzar caminos, ni pasadas con agua de riego; ni se puede regar caminos, o barbechos para desaguar su heredad. Muchas de estas normas han subsistido como “costumbre” hasta hoy.

Pleitos con Imas (1798-1799)

El derecho de aguas del monasterio, o sus pretensiones sobre el riego con agua del Ebro, acarrearon varios pleitos, a pesar de la aprobación de las Ordenanzas, o tal vez a causa de ellas. En 1798 y 1799 se denunció repetidas veces al prior de Imas, fray Plácido Gutiérrez, y a fray Félix Peláez, prior de Legarda, por haber roto brazales para regar con agua del Ebro (en La Vega y en Legarda). En la Real Corte se llegó a abrir un litigio contra el Monasterio de Irache por esta causa.
Finalmente, se hizo el amojonamiento con el Administrador de la Granja de Imas para señalar lo correspondiente al goce de las aguas vertientes y el Monte Redondo, según expresan las Concordias que la villa tiene con el Monasterio de Irache y a causa de las dudas y dificultades que había sobre el modo de gozar dichos términos, lo que ocasiaba muchas disputas con el Administrador de Imas, sus pastores y criados.
El lechonero o porquero era el que cuidaba la piara de la granja de Imas, ya que en el pueblo los cerdos se cuidaban en las casas, y a veces hubo bandos prohibiendo que camparan por las calles y huertos. Para evitar perjuicios, se llegó a permitir que el que encontrara un cerdo en su huerto causando perjuicio pudiera matarlo.

Introducciones en tierras y caminos

En ocasiones, algunos mendavieses quisieron aumentar su porción de tierra y labraron tierras de comunal, se salían de las piezas agregando terreno de los caminos y a veces incluso traspasaban las lindes de los vecinos. Por roturar en Las Rozas (1701), Las Tajueras (1762), El Arenal (La Cárcaba y el Sotillo), El Rubio (linde al camino de Viana y senda del Barco) (1771) se castiga con multas y se obliga a dejar sin cultivar.

En  1782 se inspecciona la introducción en los caminos. Multan a numerosos vecinos y les obligan a dejar los caminos con su respectiva anchura. Por los caminos de Carra Imas, 25 vecinos; por Carra la Orza, 30; por San Felices y el Soto, 15; por la Pasada de Legarda, 6;  por la pasada del bocal de Carra el Carro hasta la Casa de Ntra. Sra. de Legarda, 10;  por Carra la Rueda, 18 piezas y 18 viñas; por los Majuelos de Arriezu, 23 viñas; por la Pasada de las Largas, 43 viñas; por Carra Logroño, 18; por la Callejada, 7; por la Pasada del Altillo, 10 vecinos, por el camino de Los Arcos, 1. Se determina el ancho de los caminos en cada lugar, entre 17 y 35 pies. Sin embargo, similar situación se presentó en 1799. Se pagó al comisario Murillo, con varios agrimensores, como peritos evaluadores. Algún caso se da en que un vecino se introduce incluso en piezas de otro (1797).

viernes, 26 de junio de 2015

LOS REGADÍOS DE MENDAVIA (SIGLO XVIII)

LOS REGADÍOS

Regadío de Codés, puentes y proyectos de nuevo regadío

En 1702 se había ampliado el regadío de Codés, abriendo un nuevo canal en el término de Palomar. Para cruzar brazales de Codés, yasas y barrancos, se hicieron pequeños puentes. Se solían arreglar en trabajos comunitarios vecinales (beredas)  que incluían limpieza, arrancar piedras y trasladarlas en carros. Se contrataba algún maestro albañil. Por menos de 200 reales en cada año, se realizan arreglos y se construyen puentes menores, en yeso, cal, ladrillo y piedra. Veánse algunos de ellos:
1697: dos puentes nuevos, uno junto al huerto de Isidro Carasa y otro en Carra Imas; arreglo del de Ordóñez.
1699: puente nuevo de ladrillo y piedra, en el Río Madre de Carra Imas, para que pasen los carros.
1709: arreglo de puente de ladrillo en el río que pasa por la Villa.
1722: reparos al puente del Cespediado y al Puente Grande.
1741: arreglos de los pasos del Río del Moral y del Pontizo, destruidos por la crecida de septiembre.
Por estos años el arreglo más notorio fue el realizado en el Puente Grande, con bocales y calzada (1707). Se contrató a Mathias Calleja, Maestro albañil de la villa, a quien se le pagaron 409 reales.
El ayuntamiento, además de aprovechar las aguas de Codés, miraba ampliar el regadío de Ebro. Algunas mediciones y trazas hicieron los maestros Francisco de Echeverría, José González Falcón (1722), Juan de La Reya, de Larraga (1724), fray Marcos de Santa Teresa, del convento de carmelitas descalzos la villa Marquina, Señorío de Vizcaya (1724). Ninguna de sus propuestas pudo ejecutarse.

Reconstrucción del Puente Grande (1748)

A causa del maltrato del puente por el uso de carros forasteros, galeras y coches que transitaban por él, el ayuntamiento decidió reconstruirlo en 1748. Se queda con el trabajo el maestro Blas García, vecino de Lodosa, por algo más de 2.300 reales. En las condiciones del contrato detalla el trabajo de fortificación del puente, cambiando piedras dañadas, mejorando el arco, colocando pilastras y antepechos, etc…  Se agrega una calzada empedrada para la salida del puente (de 78 varas de largo y cinco de ancho). Para parte del trabajo se contrata al cantero Joseph de Iloro, al que se le pagan 430 reales, después del reconocimiento del mismo por el maestro Ventura de Ziarza, vecino de Sansol. Finalmente, se refuerza el puente mediante un trabajo menor de emplomado que realiza un herrero. El plomo se trae desde Logroño.

Obras en el río que baja de Codés y otros arreglos de puentes (1751-1758)

El 29 de enero de 1751 el ayuntamiento encarga a Santiago Eleta y Lorenzo Ibar, canteros franceses, residenciados en Mues, el arreglo de varios puentes en el regadío: dos en el camino a Legarda, otro en el Río Madre de Carra Logroño, otro en Parte el Prado, otro en San Felices, otro en la pasada de Legarda a Imas y otro en Carra el Soto. Las piedras las pueden sacar de las canteras de Imas. Al término del trabajo fray Pascual Galve, religioso de la Orden de San Bernardo,  hizo la declaración de conformidad.
El 6 de junio de 1751, sale a remate de candela la obra de arreglo del pontizo de dos bocales en arco y su calzada, que está cercano al Puente Grande y va para la Ciudad de Pamplona, por estar casi derruido. Queda rematada la obra por Domingo Ibar, maestro cantero, hermano de Lorenzo, en 342 reales. El 6 de octubre se termina.
Fray Pascual Galve presentó las trazas y condiciones para construir una presa en el regadío de Carra Imas. El 13 de Octubre de 1751 fray Pascual Galve hace la declaración de la obra; Domingo Ibar hace postura y se queda con la obra en 1.808 reales, que incluye presa, bocal, casilla y calzada en el lugar que donde se dividen las aguas entre Carra Imas y la granja de Imas. A fines de noviembre se vio necesario hacer otra presa, bocal y calzada para la conducción de las aguas hacia El Cabo y El Molino. Ocasionó 1702 reales de gastos adicionales. En 1753 se agregan calzadas al Puente Grande, más presas, bocales y casilla al río que baja de Codés. Se le pagan a Ibar 426 reales. El maestro de obras, Martín de Marcarán, da por buenas las obras, todas de Domingo Ibar, con trazas de fray Pascual. 
Fray Pascual Galve
Religioso San Bernardo, notable tracista y maestro de obras, es llamado a reconocer la capilla de Nuestra Señora de las Nieves hecha por Vicente Arizu en Puente la Reina el año 1752. En diversas ocasiones fue llamado por el Ayuntamiento de Mendavia para la realización y reconocimiento de diversas obras entre 1745 y 1755: el molino, la iglesia y los regadíos de Codés y Río Nuevo.

La mano de obra ordinaria la efectuaban los vecinos a bereda, a cambio tan sólo de pan, vino y queso. En 1743 llevan piedra desde Imas para reparar los puentes del Camino de Legarda, de San Felices, de la Madre de Carra Logroño y de El Palomar. En 1751 sobreponen y terraplenan la calzada desde los bocales hasta el Crucifijo. En 1752 terraplenan y componen las calzadas desde la villa al puente Grande. En 1758 realizan un trabajo mayor para arreglar “los rompimientos” ocasionados por el Ebro desde el puente Francés hasta el de la Cárcaba. Para dar paso al término de El Arenal, “para el gozo de aquel término del ganado del arrendador de la carnicería”, se hizo un puente de madera por El Matarral del Soto de Arriba.
En 1758 se le paga al cantero Martín Ibar un trabajo menor para componer el puente debajo de San Bartolomé que se dirige al camino que llaman Carra el Soto, para el uso y tránsito de caballerías.

Construcción del Regadío del Río Nuevo (1753-1756)

El río de Codés se hace insuficiente para el riego de las tierras de Mendavia. La villa de Los Arcos toma el agua para regar largos prados. Han extendido sus regadíos las villas de Aguilar, Azuelo, Espronceda, Torres y Sansol, la Granja de la Monjía, propia del Real Monasterio de Iranzu y el lugar de Lazagurría. A Mendavia escasamente llega una corta porción de agua y sólo en los meses de enero a abril.
El 15 de agosto del año 1753 se determina en junta de concejo, con 2/3 de vecinos, que fray Pascual Galve inicie las trazas para el Río Nuevo. Se pide al Real Consejo la autorización para tomar sus pagos de las rentas de la villa, que ésta obtendrá de los vecinos que se benifician con el riego. El 28 de agosto llega fray Pascual  a reconocer el cauce. Fray Pascual reconoce un primer intento de regadío en la Veguilla (1725-1726), abandonado por costoso, largo y hondo. Un segundo intento lo hizo el maestro catalán Joseph de Montelion, sin éxito. Y propone el cauce que se conocerá como el Río nuevo.  Nace en el Pontón, atraviesa el río de El Arenal (del regadío viejo), pasa otro río en el camino de Legarda; llega al río viejo de Belzunz; pasa a la Vega, donde propone construir un molino; y desde ahí llega hasta la Granja de Imas, que podría también regarse. Esteban de Muzquiz, maestro de Obras, recibe casi 500 reales por un mes de reconocimiento y nivelación del cauce, desde la caseta del Pontón hasta el término de la Granja de Imas, según la traza de fray Pascual. En noviembre, Esteban de Muzquiz propone en nueva declaración la construcción de siete puentes: en el Sestil (1), Fustero (2), San Pedro (3), viña de Ramón Ordóñez (4), Legarda (5), San Felices  (6) y El Altillo (7). Pueden apreciarse en el mapa de Google.



El 16 de abril de 1754, Jerónimo Marquelí, ingeniero jefe, realiza una segunda nivelación, que hace ver que el proyecto resultará más costoso de lo estipulado en la primera. En un informe presenta los puntos principales y el costo de su proyecto: a) en el Portalón, caseta sobre la Peña y conductos: 3.500 reales; b) protección con 4.000 carretadas de piedra gruesa: 8.000 reales; c) fortificación con triple estacada: 1.200 reales; d) cauce hasta encontrase con el Río Mayor de 23.500 pies de largo: 30.680 reales y medio; e) conducto embovedado por debajo de la corriente de Codés: 5.800 reales; f) continuación del cauce de 5.444 pies: 12.094 reales y 12 maravedíes; g) paraderas y sangraderas: 400 reales. Más otros detalles, el total es de 62.484 reales y 30 mrs. de plata. Los diversos puentes, el molino proyectado y el terreno comprado a los vecinos no se calculan en esta primera etapa.
Se proyectan regar 13.200 robadas, a saber: 9.200 de la villa de Mendavia y sus vecinos y 4.000 del Monasterio de Irache. Incluye los términos de El Arenal, hasta Legarda (con viñas); de Legarda al Río Mayor, incluidos los Sotos; del Río Mayor hasta la Granja de Imas; y la Granja de Imas.
El 14 de Julio de 1754 se saca en candela la obra de la caseta y bocales por donde se ha de sacar el agua para el nuevo regadío. Se hicieron viajes de reconocimiento y de búsqueda de fondos para el proyecto. Domingo Ibar, maestro cantero, hizo la caseta y los bocales. Simón de Irigoien comienza a trabajar en la estacada y se llevan 89 peones para limpiar un juncal cerca de la caseta del Río Nuevo antes de la llegada del invierno. El Real Consejo les concedió facultad para cortar en los sotos las estacas necesarias, con la condición de vender los despojos. Cortaron 390 estacas. Se necesitaron 27 yuntas, cinco carros, y más de 50 hombres. A los peones les pagaron a 2 reales de costa y jornal.
En 1755 Fernando Díaz de Jáuregui, maestro de obras de Pamplona, hace un tercer reconocimiento del cauce y de los puentes: los mide y los tasa. Joseph Gaspar de Iriarte, agrimensor y maestro de la escuela de Mendavia midió de nuevo el cauce. Irigoien construye los puentes, que deben hacerse anchos para el paso del ganado concejil. Se pide a Esteban de Muzquiz que los regule y trace. Se traen 25 carretadas de piedra de la villa de Murillo para fortalecer la caseta y vocales ya construidos. Martín Barcaraz, cantero, hace las trazas para una paradera. Se retrasan las obras. En septiembre las crecidas del Ebro rompen la estacada y se repara.

Esteban de Múzquiz

En el Obispado de Pamplona, a partir del siglo XVII se sucedieron en el cargo de veedor de obras de cantería Francisco Palear Fratín (1602-1637), su hijo Pedro Palear Fratín (1637-1698), Juan Antonio San Juan (1698-1741), y ya en la segunda mitad del siglo XVIII diversos maestros entre los que destacan José Pérez de Eulate, Esteban de Múzquiz, Manuel de Iribarren o Manuel de Larrondo. (Tomado de José Azanza)

El 9 de Octubre de 1755, el alcalde Francisco Lodosa, en presencia de Regidores y vecinos convocados a concejo, observan lo sucedido desde el día 7 en que el alcalde abrió la llave de la caseta para echar el agua por el cauce del Río nuevo: algunos terrenos se vinieron abajo. Para continuar con las obras se acuerda pedir dinero prestado a algunos vecinos pudientes de la comarca y al abad de Irache.
En diciembre de 1755 deciden construir una antepara que frene las aguas. Los acuerdos no eran fáciles. Se saca a candela el 15 de diciembre de 1755. Se presenta Barcarán, maestro cantero. Expone su proyecto de paradera que proteja el canal de Río Nuevo en caso de crecidas del Ebro. El proyecto y el costo se envía al Real Consejo. Barcarán da las trazas para su construcción y la valora en la cantidad de 1.500 reales. Manuel Pavía rebajó 80 reales. Antonio García, maestro albañil de Lodosa, se ofrece en 1.250 reales. El 22 de Diciembre se encendió una candela. Manuel Pavía la valoró finalmente en 1.901 reales y medio. Este Pavía, el 29 de Diciembre cedió la obra a Martín de Barcarán.
El 21 de febrero de 1756 echan de nuevo el agua por el río nuevo y a su impulso se rompen algunas porciones y el borde de la Cárcaba. En marzo de 1756 dos vecinos rompen el canal para tomar agua para su siembra. Son apresados y obtienen, en el Tribunal de Lerín, libertad bajo fianza. En mayo de 1756 Martín de Barcarán declara que el trabajo está concluido en el paraje que llaman el Sestil y que la pared de la antipara está concluida con su paradera. Joseph del Castillo, Maestro de Obras de Piedramillera, declara que la obra está bien, aunque hace algunas observaciones. Antonio Albaina, agrimensor de Viana, mide las tierras de los vecinos en el Raso y Matalamora. Manuel Iribarren, Maestro de Obras, en el mes de julio reconoce finalmente las aberturas en el Arenal y la obra de la caseta y bocales en la orilla del Río Ebro, y declara ser conforme, ajustando algunas mejoras y comprometiéndose Ibar con algunos trabajos adicionales.

El río de Codés

En  1760 se trata en junta con los vecinos sobre el regadío de Codés. No hay agua suficiente y se administra mal, por lo que se decide reparar la presa del río Mayor destruida por una riada y nombrar un encargado de administrar el agua.
En 1763 se hace una bereda para construir la presa, y en 1764 se decide que se rieguen los huertos por turno, antes las hortalizas que los cáñamos y linos; y se nombra regador a Simón de Yrigoien. A finales de este año se conducen 12 carretadas de piedra desde Imas, para reparar la caseta y bocales que dividen el Río Mayor entre la villa y Carra Imas. El monasterio aportó 90 reales para ese arreglo, por las 24 horas semanales que toma para el propio riego. Por nuevas crecidas, en 1969 se volvieron a reparar brocales y caseta. Nuevos arreglos se realizaron en años posteriores. En la presa del Sosal se hizo una paradera en 1786, para poder regar los términos de Carra Imas y los de Imas. La Granja apagó un tercio de los costos.
La relación con el Monasterio por el uso de estas aguas se complicó poco después. En 1771 hay abierta una causa de la villa en su contra por la llave de esta caseta. En 1773 delimitan con mojones las tierras de Monte Redondo y otras, a causa de las disputas habidas con el Administrador de Imas, los pastores y criados. En 1783 el prior denuncia que le quitaron el agua el día que le correspondía.
Los riegos ocasionan algunos problemas más entre vecinos y en varias ocasiones se realizan denuncias, varias de las cuales terminan en sanciones. Bien sea por dejar pasar el agua a otros huertos (1765) o a la carretera (1784)  o a las casas cercanas (1788). En 1769 y 1776 es sancionado el molinero por no echar el agua a los huertos a la hora señalada.

El Río Nuevo (1757-1767)

En 1757 Barcarán concluye la obra de la antepara del río Nuevo. Ildefonso García menor, maestro albañil, la reconoce como hecha conforme a arte y debida perfección. Se organiza además el riego de los sotos por el nuevo cauce para la producción de hierba y leña, por cuanto no baja agua por el regadío viejo. Para ello se planifica la limpieza del cauce.
En 1758 se contratan un carro con dos yuntas y ocho personas en La Salceda, para sacar del Ebro una madera de pino que el río bajó en una de sus crecidas.  Se trae al pueblo, y con su madera se hace un canal para pasar el agua sobre el cauce del Nuevo Regadío. Se reparan rompimientos del Ebro desde el Puente del Francés hasta la Cárcaba que  impedían el trabajo de labor en El Arenal y el crecimiento de pastos para los ganados de la carnicería. Se hizo un puente provisional de madera para el Matarral del Soto Arriba para estos ganados. Juaquín de Sesma se queda con el remate para hacer siete bocales en el cauce del Nuevo Regadío.
En 1759 y 1760 se hacen caseta y bocales para regar los términos del Raso y Matalamora del río Nuevo.  Se añaden orejones y entibo para recoger mejor el agua en tiempos de “aguas bajas” (entibo: muro que se usa para contrarrestar el empuje del agua). Se compone la antepara del Sestil con una estacada, y se refuerza el puente de la Cárcaba. Diego de Estenoz, Domingo Ibar y Pedro Arizpe, maestros canteros, se quedan con los trabajos. En octubre de 1760 los reconocen Martín Maduro, vecino de Viana, y Antonio Barinaga.
En 1761, mediante beredas se conducen las aguas del Río Nuevo a los Sotos (árboles y hierbas) porque al río de Codés le faltó el agua, y se fabrican estacadas en la Cárcaba. Se decide hacer una presa para poder conducir el agua hasta el término de La Vega.
En 1767 se llama a  Sebastián de Ondecola y a Juan de Alzuat, maestros canteros, para que continúen la obra de la antepara. Los canteros piden traer la piedra de la cantera de Imas, a 4 reales fuertes la carretada.

Desde 1757 a 1764 se realizan trabajos en bereda para limpieza del cauce del Río Nuevo. Se pagan repartimientos para ello. Aunque en ocasiones se obliga a realizar los trabajos a los jornaleros. En 1764 se obligó a los interesados, so pago de pena de multa, a la limpieza del cauce principal para regar  el Raso y Matalamora.