domingo, 12 de julio de 2015

DE VIÑEDOS Y VINOS

En 1782 había viñas que se habían introducido en caminos, según se ha visto: en Carra la Rueda, 18 viñas; los Majuelos de Arriezu, 23 viñas; Pasada de las Largas, 43 viñas; Carra Logroño, 18; por la Callejada, 7. Hacen un total de 109 viñas en estas condiciones.
Aunque el trigo y la cebada eran los cultivos predominantes en el pueblo, la viña iba en aumento. El cultivo de viñas tenía aparejada la elaboración de vino. En las casas principales había grandes bodegas con enormes cubas.
Una idea de la producción de vino en Mendavia siglo XVIII la da la bodega de la primicia, la de la Granja de Imas y el sorteo de cubas que se realizaba. La bodega de la primicia correspondía a la uva que recibía la iglesia en diezmos y primicias.

El vino de la primicia y la abadía

El vino de la Primicia se sacaba a venta cada año. El sacerdote primiciero se encarga de ello. En 1746 sacan 120 cántaros a medio real el cantaro. En 1785 se incrementó la produción de la iglesia a 1.260 cántaros. En 1811, en plena guerra, el cargo de vino perteneciente a la Abadía de Irache lo administra el Ayuntamiento: 662 cántaros de la Abadía en Imas, más 40 cántaros del diezmo de Mende la vieja, son 802 cántaros.
En Mendavia, como en muchos otros lugares, la capacidad de cubas y pipas son variables. Sin embargo, pueden encontrarse muestras en los textos de los archivos municipales que asignan a una cuba unos 660 litros (60 cántaros) y a una pipa unos 2600 litros (200 cántaros).

El precio de la uva

A finales del siglo XVIII se establece el precio de la uva y el mosto en el ayuntamiento. La  moneda es variable.


Carga de uva
Cántaro de mosto
1775
10 reales
2,5 reales
1786
5 reales
1 sueldo fuerte

Sorteo de cubas

Para vender el vino al público particular o a la taberna, el regimiento efectuaba un sorteo, que determinaba el orden por el cual los cosecheros sacaban el producto. Un ejemplo: el 25 de marzo de 1784, con asistencia de muchos interesados, se hizo el sorteo de cubas, y quedaron así: 1º Vda. de Aguirre; 2º D. Ramón Ximénez; 3º Juan Joseph Ibarra; 4º Angel Arróniz; 5º Santos Labeaga; 6º Ignacio Sagredo; 7º Antonio Albisua; 8º D. Lino Ordóñez; 9º Joseph de Ripa; 10º Joseph Ordóñez; 11º Miguel González; 12º D. Ramón Palacios; 13º D. Francisco Remírez; 14º La Primicia; 15º D. Manuel González; 16º Joseph Alcalde; 17º D. Agustín Sagredo; 18º Pedro Quadrado; 19º Lorenzo Lacalle; 20º Sebastián Irigoyen; 21º Lorenzo Martínez; 22º El Sr. Obispo; 23º D. Antonio García; 24º Juaquín Quadrado; 25º Ramón Marquínez; 26º D. Juan Antonio Zalduendo; 27º D. Juaquín de Irigoyen; 28º Xertrudis González; 29º Pedro Miguel Larraynzar.
En un cálculo muy aproximativo, de 30x800, daría unos 24000 litros, que se venderían ese año, sin contar con otras cubas de fuera del pueblo, tocando a unos 8 litros por habitante de la villa al año, o unos 40 litros por familia de 5 personas. Ya el consumo de vino para la fecha se había hecho importante.

Arriendo de taberna

El arriendo de la taberna salía cada año, en enero. Fueron arrendadores Gregorio Istúriz (1693), Eugenio Márquez (1699), Joseph de Abalos (1718), Santiago Alonso (1743), Lorenzo Casado (1761, 1764), Juan Joseph de Echeverría (1767), Bartolomé de Aguirre (1770, 1772, 1782), Juan Manuel González (1775, 1777), Santos-Saturnino Elvira (1787, 1788), Esteban González (1793), Manuel Subero (1794), Miguel Martínez de Baquedano (1795), Francisco Gómez (1800). A comienzos de siglos XIX venden aguardiente Manuel Lacalle (1807), Javier Elvira (1808) y Genaro Íñigo (1809).
Algunos personajes que llegan a Mendavia supervisan el vino que se expende. El obispo Gaspar Miranda Argaiz lo prueba y duda de si es vinagre (1754). D. Pedro Ochoa de Olza, Alcalde Mayor del condado de Lerín, Juez de Residencia en lo civil y criminal, en su estancia en Mendavia el año 1764, dice que el pan y vino que se da en las beredas no son de buena calidad, pero en las cuentas se reflejan como buenos.
En 1757 y 1758 el regimiento realiza advertencias a los vecinos que desean vender su vino cosechero en casa, sin perjuicio de la taberna y con las regulaciones debidas. Se exige que un práctico apruebe las condiciones de venta.

Evolución de la renta anual de la taberna                                

Estos datos anuales del pago por arriendo de la taberna pueden ser otro interesante indicativo de la producción y consumo de vino en la villa.

Año
Reales
1699
165
1743
330
1775
864
1782
1.176
1794
1.360

Puede apreciarse el incremento notable del pago del arriendo, lo que muestra que los beneficios obtenidos también fueron en aumento. Entre las condiciones confirmadas por el Real Consejo en 1795 la primera establecerá que tal renta no baje de 660 reales.

El Real Consejo de 1795

Entre otras condiciones que se fijan para la venta y consumo de vino en el pueblo resaltan las que favorecen a los cosecheros para vender libremente su vino, y a los vecinos en general para traer de afuera vino para su consumo. Las regulaciones más estrictas se establecen para el sorteo y venta del vino en la taberna. Se recogen aquí estas normativas:
· Que si los cosecheros de vino de la Villa lo tuvieran propio de su cosecha, lo ha de vender precisamente el arrendador de la taberna, y en ese caso no se ha de poder traer de fuera.  Que cuando no haya vino de dichos cosecheros en el pueblo, podrá el arrendador conducirlo de los pueblos inmediatos.
· Que los vecinos, con arreglo a la costumbre antigua, puedan traer vino de fuera para su propio consumo, sin que nadie se lo pueda estorbar, ni incurra en pena alguna.
· Que para vender el vino de los cosecheros del pueblo, se sortearán entre todos 10 cubas y dará principio a vender el primero que sorteare y así sucesivamente.
· Que el cosechero que quiera vender el vino en su propia casa, lo pueda hacer cuando quiera y no podrá en este caso valerse para su venta del arrendador de la taberna, su mujer, ni familia y lo deberá hacer por medio de cualesquiera persona o personas que les pareciere.
· Que los vecinos con ningún pretexto ni motivo puedan traer vino común para vender en sus casas.

Que se planten viñas

Ante al incremento de consumo del vino, en 1796 el alcalde propuso que, como es muy poco el viñedo que hay y, por lo mismo, la mayor parte del año falta abasto de vino, los vecinos tienen que traerlo de fuera o proveerse en la taberna, con mucho dispendio y coste, y en atención a que hay términos apropiados para viñas, deliberen lo que les pareciese. Los vecinos dijeron que se planten viñas en las tierras labradías del término de Beraza, Marinegra y Pie del Rubio, hasta la pasada que baja a la hoya de Valilengua y que el ganado menudo pueda gozar en dichas viñas, desde la vendimia hasta el día de Nuestra Señora de Marzo, o algunos días antes, según el estado y adelantamiento de las viñas y que se haga saber a la Mesta esta resolución, para que le conste y se solicite al Real Consejo, para lo cual dan poder a Félix Escudero, procurador de esta villa.

Todos los acontecimientos se acompañaban con vino

Tanto el día de San Fermín (1709) como la procesión con Ntra. Sra. de Beraza, patrona de la villa, desde la iglesia a la capilla que se hizo nueva (1713) se concluyen en celebraciones populares con vino. La cofradía de San Isidro Labrador y San Antonio Abad repartían anualmente a los cofrades entre 12 y 20 cántaras de vino.
Las beredas de trabajo se acompañan con pan y vino. En ocasiones se agrega queso y, en casos especiales, hasta sardinas (en 1709 se gastan 29 reales en pan, vino y unas sardinas, con la gente que fueron a señalar los 11 casos; a 7 reales el  ciento de sardinas).

El siglo de las beredas. Experiencia de organización vecinal

Se pueden revisar algunas de las beredas desde finales de siglo XVII y durante todo el siglo XVIII. Es sorprendente cómo con el establecimiento de las Juntas de Veintena como gobierno municipal más aristocrático el sistema de beredas se fue extinguiendo.
La mayor parte de ellas se hacían para mejorar la fluidez de los cauces de los ríos o reparar sus daños en el pueblo, en puentes y caminos. Se ahonda el cárcabo (1692), se deshace una estacada en medio del Río Ebro (1701), se ponen estacas en el Río Ebro para su defensa (1704, 1708, 1712, 1738, 1745), y en el Puente Grande, para defensa de las avenidas y que no entrase la agua en el lugar (1707), se abre un desaguadero en el Río del Moral, se quita el agua de las avenidas del Río Salado (1709, 1718), se compone el valladar debajo San Bartolomé, para defensa de las avenidas del Río Salado (1717, 1775), se compone la presa del Río Mayor, y se componen otros ríos en la Requeja para regar los Sotos, a causa de haber causado ruinas una avenida de dicho Río Mayor (1725, 1739, 1744, 1763, 1774), se  repara el cespediado y borde que contiene las aguas que bajan del Río Salado al Río Mayor (1764), se abre una porción de cauce, en el paraje que llaman la Helera, para conducir el agua al Río Molinar y echar la fuente de Lazagurría al cauce del río Nuevo (1708, 1721, 1726, 1737, 1774), se limpia el cubo del molino, el río del mismo y el río Cascajo (1718, 1723, 1746, 1766), se hace el cespediado de El Moredo (1723), se limpia el Río Madre de Carralegarda, Carra Imas y la Cárcaba (1721, 1740, 1787), se hace un río nuevo en el Soto de Abajo, para impedir que se inundase el Aguachinal (1780), se compone la Presa del Soto, se limpian ríos para regar (1767, 1768, 1785, 1792). Se cierra la cárcava del Arenal para conducir el agua del Ebro para los Sotos (1725, 1763).
Se componen caminos a Carre Legarda, Carre el Carro, Carra el Soto, Carra la Rueda y algunas puentes que cruzan los Ríos (1711, 1791), se componen el Calvario, caminos  Carre Logroño (1739, 1774, 1782, 1785), camino de Imas (1792), camino del Puente Grande hasta el río Cascajo y el camino de la Vuelta del Monte, camino del río Molino, camino de Parte el Prado (1788), los caminos para subir a la iglesia, que estaban intransitables por las muchas aguas que cayeron (1787), se abre una carretera hacia el molino harinero para el mejor tránsito de los carros (1746), se compone la Plaza (1783) y se compone la puente que llaman de la Fuente (1787), se allana el Corral del Concejo y la carretera que está sobre él, que fue preciso para el uso del acarreo y del tránsito de coches en el Camino Real (1751). Se echa cascajo en la calzada, desde el Río Cascajo hasta la entrada de la villa, pasando por el Puente Grande, que es camino carretil para la Ciudad de Pamplona (1760, 1771). Se componen los caminos hacia Los Arcos, Sesma, Lerín, Lodosa y Viana (1711, 1763, 1771). 1783 fue especialmente frío, con muchas nevadas y lluvias que obligaron a componer totalmente la plaza y varios caminos por estar “enronados” e intrasitables, igual se llevaron las avenidas, la presa del Soto. Se hizo todo a beredas.
Otro tipo de beredas no mencionadas con tanta frecuencia dan ideas de la variedad de faenas comunitarias realizadas en el pueblo:
Sacar las aguas del pueblo, que inundaban las casas de los vecinos (1789, 1791).
Plantar árboles en el camino de Legarda y también alrededor del Santuario (1704), limpiar de árboles el Soto, abrir hoyos para la plantación de árboles y cavar el vivero (1759).
Recoger nieve y hielo en marzo, para vender en agosto, limpiar y escombrar el pozo de la nevera (1702, 1709, 1711, 1721, 1736, 1739, 1780, 1785 y 1786).
Echar las suertes de los términos de Baloria y Beraza (1704) y señalar 11 casos (1709), barear y medir el término del Arenal (1725).
Componer y señalar las mugas de los término de Imas y La Sarda, reconocer las mugas y mojones de la villa y circunvecinas (1712), en el Soto de Baldegón (1731), con los de Villamayor, enmendar ciertas tierras que se habían introducido sin licencia (1717), poner las mugas en piedra de la Dehesa,  conducirlas desde Imas (1746).
Recorrer campos y caminos, registrar términos y mugas, para ver si había gente de mala vida (1710, 1739), circunvalar las orillas del Ebro, poniendo sus respectivos centinelas y en los demás términos, varias cuadrillas, para que aprehendiesen cualquier sujeto que transitase, no siendo conocido y con sospecha de mala vida y gente vaga (1770), recorrer ladrones por ferias de Tafalla y San Fermín (1745, 1791), vigilar a los vecinos de Alcanadre que hacían cortes de leña (1722), reconocer caminos por si andan gitanos, para prenderlos por orden del Sr. Conde de Moreda, Virrey de este Reyno (1745).
Realizar el resaque de lobos (1739, 1791).
Cerrar el Corral del Monte y el de Soto, para cubillar la vaquería y bueyería (1738).
Hacer una balsa en el término de Valoria debajo la Fuente de la Ventosilla, para que en ella abrevasen las ganaderías concejiles (1693).
Componer la Fuente de Balondo (1707).
Cerrar y componer la plaza para correr los toros (1712, 1721, 1722, 1737).
Poner puentes para la procesiones a Lodosa y Alcanadre y otra a Legarda (1712).
Cortar maderas para la escuela (1709), componer la Casa de la Villa y Cárcel (1738), componer la escuela, el tejado del molino y el Portal de la Villa (1768).
Limpiar y escombrar la Capilla del Sto. Cristo en Ntra. Sra. de Legarda, llevar yeso y ladrillo para su composición, y colocación del Sto. Cristo de Legarda en la capilla nueva (1739).
Descombrar el Hospital, por haberse hundido y cogido sus tapias la calle pública, dejándola intransitable (1745), demoler el Hospital, escombrarlo, subir la madera y otros materiales que podían aprovecharse, al granero de la villa, abrir los cimientos y conducir desde la tejería 6.400 ladrillos y 1.700 tejas para la fábrica de dicho Hospital (1746).

Recoger gente presa para cumplir con la orden que se tuvo para la primera leva de soldados (1718).

sábado, 4 de julio de 2015

REGADÍOS DE MENDAVIA (siglo XVIII, parte b)

Puente de El Arenal (1767)

En 1767 se sacó en candela la obra del puente de El Arenal, para el paso de las ganaderías concejiles. Se había de hacer con arreglo a las declaraciones de Gerónimo Solano, maestro de obras vecino de Sesma. Se debe demoler la obra vieja, y construir el nuevo con piedra de sillería traída de Imas. Se queda la obra Joseph García, albañil vecino de Lodosa,  en  1.000 reales.

Mejoramiento del Regadío Nuevo (1776-1779)

El ingeniero hidráulico francés Francisco Gency  y el alcalde Mathias Palacios protagonizan nuevos arreglos del Regadío Nuevo. En 1776 se llama a Francisco Gency para que haga las trazas para las mejoras del cauce del nuevo regadío. Apoyan el proyecto fray Veremundo Foio y fray Joaquín de Solchaga, abades del Monasterio Real de Irache en este año y el siguiente, respectivamente, interesados en el riego de las tierras de Ntra. Sra. de Legarda.
En 1779 se ha comenzado a trabajar en el proyecto. Francisco Gency presenta inconvenientes técnicos para hacer el vertedero de las aguas con su antepara en el principio del Alto de la Veguilla; los vecinos determinan que se suspenda esta antepara y se llame a otros técnicos para que opinen; finalmente se decide que Gency ponga dicha antepara en el paraje más cómodo y que menor daño cause al terreno, con un criterio digno de la actual sensibilidad ecológica.
A final de año se concluye la obra y se determina nombrar, después de la mediación del Real Consejo, a Manuel Espinosa y Antonio Ezcondu, maestros de obras vecinos de Olite y Mendigorría, para hacer el reconocimiento por parte de la villa; y a Vicente de Arizu, maestro de obras vecino de Tafalla, y a Pedro Joseph Lezaun, vecino de Estella, por parte de Francisco Gency.
Algunas observaciones detalladas de quienes reconocieron la obra permiten ajustar los pagos, de modo que Gency tiene que dar fianzas y responder hasta tres años de concluida la obra. Se le pagarán 17.500 pesos en ese momento y los otros 20.000 pesos durante los tres años siguientes. Hubo de intervenir el Real Consejo, con varios decretos, pues ni Gency solucionaba los problemas que se presentaron en su obra ni la villa le pagaba lo acordado. En 1780 la villa pide autorización para endeudarse (pagar a censo). Los vecinos beneficiados comienzan aportando algunos dineros. Todavía a finales de 1781 el asunto está sin resolver. Aún en 1782, Manuel Modet, apoderado de la Viuda de Lalane, y ésta apoderada de Francisco Gency, solicitan se le paguen las mejoras a fin de evitar pleitos.

Agua para Pamplona, con Francisco Gency
Sistema de abastecimiento de agua a Pamplona, anterior al aprovechamiento del manantial de Arteta. Consistía en la captación de los manantiales de Subiza y su traída hasta Pamplona. Las obras dieron comienzo en abril de 1779, de acuerdo con el proyecto redactado por el Ingeniero hidráulico francés Francisco Gency en 1777, reformado a su vez del elaborado por el mismo Ingeniero en 1774, para adecuarlo al informe emitido por la Real Academia Matritense de San Fernando, que sugirió sustituir las tuberías inclinadas del trayecto, por el clásico procedimiento de los acueductos con agua rodada.

Regadío en El Arenal (1779-1781)

En 1779 se proyecta abrir la Madre de El Arenal, sus brazales y demás conductos para el riego. El importe lo deben satisfacer los interesados según sus tierras. Se comienza pagando una peseta por robada. Se norma que en adelante todas las limpias de  esta Madre y sus brazales, y los rompimientos que experimentaren, “no siendo a mano airada”, se paguen en común, en proporción a las tierras que se posean.
Manuel de Espinosa, maestro de obras vecino de Olite, hace las trazas y presupuesta en 16.676 reales sin incluir las regaderas ordinarias que deberán hacerse por los mismos interesados. Parecen excesivos los costos. También se opina sobre la necesidad de dividir las aguas y unos dicen que no es necesario hacerla  y que se reponga la antepara antigua que se deshizo sin consentimiento de los vecinos. Por fin, se llama a Ángel Santos Ochandátegui, maestro de obras, para que conozca las trazas y condiciones, y dé su parecer. Finalmente se siguen sus observaciones y se realiza su plan. Las obras del regadío dirigidas por Ochandátegui son reconocidas por Domingo Fernández de Campomanes y José Pablo de Olóriz,  comisionados del Consejo del Reino. Observan que tiene más caída de la que debía tener (18 pulgadas de más) y por eso sufre las consecuencias de las riadas del mes de diciembre.
(Es caída conveniente 1/4 de pulgada (0.64 cm) por cada 12 pulgadas (30.48 cm) de longitud. Se puede expresar aproximadamente como "1/4 de pulgada por pie" ("0.64 cm por 30.5 cm") o bien 2% de caída. La caída de la Madre puede estimarse con un medidor actual de altura (sistemas GPS) en la Madre, desde el punto en que la caída se pronuncia. Debe medirse la longitud del canal y las alturas inicial y final. El porcentaje debería ser menor de 2 %. El canal debería haber salido más adelante, pero supondría más metros de longitud, y más costo. Las 18 pulgadas (46 cm) se refiere a la altura de diferencia con la altura proyectada como ideal para la desembocadura en el Ebro).
El regadío de Mendavia no fue uno de los mejores logros de Ochandátegui. Posteriormente hubo de hacérsele ajustes. Participarán en ellos los maestros de obra Sebastián de Ondicola, vecino de Oteiza, Vicente Arizu, Juan Marzal, Manuel de Espinosa, Antonio Alonso  y Joseph Arróniz. En 1781, después de algunas discusiones, a  Sebastián de Ondicola le pagan algunas mejoras realizadas al proyecto inicial.

Santos Ángel de Ochandátegui Ituño

Ochandátegui fue maestro arquitecto vizcaíno nacido en Durango en 1749. Activo en Navarra entre 1777 y 1802, año de su muerte, y reconocido por sus obras. Trabajó principalmente con Ventura Rodríguez, siendo los introductores del neoclasicismo en Navarra. El remate de la torre de San Pedro de Puente la Reina (1777) representa en la obra de Ochandátegui la primera manifestación de la evolución del tardo-barroco hacia formas clasicistas. Autor de la torre de la parroquia de Mendavia (1782), es en la iglesia de San Pedro de Mañeru donde alcanza plenitud con el nuevo estilo neoclásico. Fue director técnico de las obras del acueducto de Noain entre 1782 y 1790, siendo su obra cumbre la fachada de la catedral de Pamplona, en la que participa bajo la dirección de Rodríguez en 1782. Construyó, además, la casa prioral de Pamplona y el regadío de Puente la Reina.
Ochandátegui, director de Caminos de Navarra entre los años 1780 y 1801, proyectó -por las rutas en las que hoy pasan- carreteras que las consideraron "completamente disparatadas":  una carretera que unía Pamplona con San Sebastián por el Leizarana, a Logroño (por la actual Nacional 111), a Sangüesa (por la N-240) y a Bayona. Otro sueño más descabellado de Santos Ochandátegui fue el de la Navarra navegable. Curiosamente, ese proyecto no fue del todo desdeñado por la Diputación. Las Cortes ya habían considerado en 1775 la posibilidad de unir el Ebro con el Bidasoa. En 1788, Ochandátegui propuso la ruta por el Aragón, adentrándose en el Arga, subiendo por el Arakil hasta Irurzun, remontando el Larraun para salir por un túnel al Araxes, desde donde se ganaría el Oria. En sus sueños imposibles, Ochandátegui había unido el Mediterráneo con el Cantábrico. La Diputación navarra tomó muy en serio su sueño, pero al no ver la manera de financiarlo, sólo queda un vestigio: 7 km al sur de Tudela, se encuentra la presa (bocal) de Fontellas, un dique seco. Mientras tanto Ochandátegui construyó canales en Milagro, Puente la Reina y Mendavia.

Mejoras en el cauce de la Vega (1782-1783)

Eugenio Gómez; Mathías Odériz y Martín Joseph Odériz su hijo, agrimensores;  Andrés García; Manuel de Espinosa y Josef Arvizu ejecutan algunas obras para perfeccionar las obras del cauce para el riego del término de la Vega. Juan Gómez, maestro de Calahorra, declara lo hecho.

Otros pequeños puentes

Muchos otros pequeños puentes se construyeron en estos años. En 1768 José García, albañil de Lodosa, arregla el puente Fustero. En 1773 se componen los puentes de Carra el Soto, el de los bocales y el del huerto de Torres. En 1779 se repara el Puente de El Arenal que llaman El Francés. Ese mismo año Manuel Irigoyen y Gregorio Aragón, hacen un puente de madera y barda en la Veguilla, para paso de gente, ganados mayores y menudos para el abrevadero del río Ebro. En 1783 se hace un puente de madera en El Fustero, para paso de carros y caballerías al término de El Arenal y otro puente de madera en la Cárcaba para el paso del ganado de la Dehesa. Se hacen varios pequeños puentes más con grandes piedras o maderas colocadas en los ríos para tránsito de personas y caballerías en el acarreo de mieses.

Normativas: delimitación de tierras, cultivos y derecho de riego (1780-1782)

Una vez que se construye el regadío, se van creando las normas para el riego. Quitar el agua, usar agua perdida o sobrada, dejar abiertas las hiladas, partir las aguas, poner paraderas, son acciones que generan discusiones, acusaciones y en algunos casos multas. Todo ello va llevando a regularizar los riegos por turnos, tierras y cultivos. Desde 1767 se comienza por establecer algunas normas, hasta que se ven formalizadas en 1780.
El año 1782 se siguen realizando juntas para determinar los pagos por hacer y acordar algunas normas para el riego. Determinaron que se riegue por turnos, en primer lugar los trigos y cebadas.
Los términos de cultivo se dividían en pagos, hojas y tablares. La tierras de cereal se partían en dos hojas o sectores en los terrenos de año en vez. El viñedo y los frutales, por ejemplo, se situaban en zonas determinadas de cultivo o pagos, distinguibles de barbechos, pastizales o rastrojos, como modo de protección frente a la acción de los ganados. Los tablares eran delimitaciones de las tierras de regadío destinadas a hortalizas y legumbres, principalmente. Se hace distinción de las tierras que son o no “cañemar”, ya que el lino y cáñamo se podían cultivar cada año en lugar de “año vez”.  Se consideran cañemares algunas zonas cercanas al pueblo, junto al camino de Legarda, El Prado, Carra Logroño…. En las demás zonas deben sembrarse las hojas correspondientes al año “según costumbre”. Sin embargo, habas, legumbres e ilarzas pueden sembrarse en cualquier parte todos los años.

Conflictos por riego (1794-1795)  y Ordenanzas Municipales (1797)

En los años 1794-1795 se ocasionaron diversos conflictos en relación con los riegos. En 1794 el molinero no abrió la presa y un vecino por su cuenta la abrió dañando la puerta de la caseta.  En 1795 un par de vecinos regaron las casas del pueblo al regar su huerto.
Para solventar estas y otra situaciones, en el año 1797 se hacen unas Ordenanzas Municipales de Mendavia.  Referentes al riego se acuerda, entre otras: Poner regadores para las viñas. Las viñas recién plantadas tienen prioridad de riego el primer año. Poner regador para controlar el agua de Codés, para los huertos, para las hortalizas y para los cáñamos. Deben dar prioridad a las hortalizas cuando tienen falta. Se establecen turnos de riego y no se puede quitar el agua al regador. Los vecinos e interesados en tierras, o sus arrendatarios, están obligados a pagar, o a limpiar los brazales que tocan a sus tierras. Nadie puede “picar las lintes”, sino que debe tomar el agua por donde les toque el riego; no se puede cruzar caminos, ni pasadas con agua de riego; ni se puede regar caminos, o barbechos para desaguar su heredad. Muchas de estas normas han subsistido como “costumbre” hasta hoy.

Pleitos con Imas (1798-1799)

El derecho de aguas del monasterio, o sus pretensiones sobre el riego con agua del Ebro, acarrearon varios pleitos, a pesar de la aprobación de las Ordenanzas, o tal vez a causa de ellas. En 1798 y 1799 se denunció repetidas veces al prior de Imas, fray Plácido Gutiérrez, y a fray Félix Peláez, prior de Legarda, por haber roto brazales para regar con agua del Ebro (en La Vega y en Legarda). En la Real Corte se llegó a abrir un litigio contra el Monasterio de Irache por esta causa.
Finalmente, se hizo el amojonamiento con el Administrador de la Granja de Imas para señalar lo correspondiente al goce de las aguas vertientes y el Monte Redondo, según expresan las Concordias que la villa tiene con el Monasterio de Irache y a causa de las dudas y dificultades que había sobre el modo de gozar dichos términos, lo que ocasiaba muchas disputas con el Administrador de Imas, sus pastores y criados.
El lechonero o porquero era el que cuidaba la piara de la granja de Imas, ya que en el pueblo los cerdos se cuidaban en las casas, y a veces hubo bandos prohibiendo que camparan por las calles y huertos. Para evitar perjuicios, se llegó a permitir que el que encontrara un cerdo en su huerto causando perjuicio pudiera matarlo.

Introducciones en tierras y caminos

En ocasiones, algunos mendavieses quisieron aumentar su porción de tierra y labraron tierras de comunal, se salían de las piezas agregando terreno de los caminos y a veces incluso traspasaban las lindes de los vecinos. Por roturar en Las Rozas (1701), Las Tajueras (1762), El Arenal (La Cárcaba y el Sotillo), El Rubio (linde al camino de Viana y senda del Barco) (1771) se castiga con multas y se obliga a dejar sin cultivar.

En  1782 se inspecciona la introducción en los caminos. Multan a numerosos vecinos y les obligan a dejar los caminos con su respectiva anchura. Por los caminos de Carra Imas, 25 vecinos; por Carra la Orza, 30; por San Felices y el Soto, 15; por la Pasada de Legarda, 6;  por la pasada del bocal de Carra el Carro hasta la Casa de Ntra. Sra. de Legarda, 10;  por Carra la Rueda, 18 piezas y 18 viñas; por los Majuelos de Arriezu, 23 viñas; por la Pasada de las Largas, 43 viñas; por Carra Logroño, 18; por la Callejada, 7; por la Pasada del Altillo, 10 vecinos, por el camino de Los Arcos, 1. Se determina el ancho de los caminos en cada lugar, entre 17 y 35 pies. Sin embargo, similar situación se presentó en 1799. Se pagó al comisario Murillo, con varios agrimensores, como peritos evaluadores. Algún caso se da en que un vecino se introduce incluso en piezas de otro (1797).