sábado, 15 de octubre de 2016

Nuevos planos de tierras de Mendavia, por cultivos











Tierras bajas
Tierra altas
Imas
TOTALES
Tierra de labor Secano
10,5
8
0,8
19,3
Viñas Secano
1,5
2,5
0,3
4,3
Viña con olivo Secano
0
1,5
0
1,5
Olivar Secano
0
0,5
0
0,5
Tierra de labor regadío eventual
1,5
0,4
0,7
2,6
Sotos
1,3
1
2
4,3
Huertas
0
0,1
0,1
0,2
Pastos Secano
4,4
20,4
5
29,8
Frutales
0,15
0
0
0,15
Chopos
0,1
0
0
0,1
Tierra Regadío
2,5
0
0,8
3,3
Viña con Olivo Riego Eventual
1
0
0
1
Viña Riego Eventual
0,35
0
0
0,35
Olivar Regadío
0,15
0
0
0,15
Olivar Regadío Eventual
0,15
0
0,2
0,35
Sotos con árboles
0,5
0
0
0,5
TOTALES
24,1
34,4
9,9
68,4

Tres planos del Archivo de Navarra referidos a las tierras de cultivo de Mendavia a finales del siglo XIX, con información gráfica acerca de la superficie discriminada por cultivos me ha permitido elaborar la anterior tabla.Las tierras están divididas en tres planos: Granja de  Imas, Mendavia 2 (tierras bajas), y Mendavia 3 (tierras altas). En el plano se indica la superficie total con precisión de mts2,  y almutadas con centésimas.En la tabla he aproximado los km2 con un decimal (a excepción de los terrenos más pequeños que he aproximado con dos decimales)Para extraer algún aprendizaje de estos planos y datos, desgloso alguna de las informaciones.



Tierras bajas
Tierra altas
Imas
TOTALES
Tierra de labor Secano
10,5
8
0,8
19,3
Viñas Secano
1,5
2,5
0,3
4,3
Viña con olivo Secano
0
1,5
0
1,5
Olivar Secano
0
0,5
0
0,5
Tierra de labor regadío eventual
1,5
0,4
0,7
2,6
Huertas
0
0,1
0,1
0,2
Frutales
0,15
0
0
0,15
Tierra Regadío
2,5
0
0,8
3,3
Viña con Olivo Riego Eventual
1
0
0
1
Viña Riego Eventual
0,35
0
0
0,35
Olivar Regadío
0,15
0
0
0,15
Olivar Regadío Eventual
0,15
0
0,2
0,35
TOTALES
17,8
13
2,9
33,7

Tierras bajas
Tierra altas
Imas
TOTALES
Sotos
1,3
1
2
4,3
Chopos
0,1
0
0
0,1
Sotos con árboles
0,5
0
0
0,5
Pastos Secano
4,4
20,4
5
29,8
TOTALES
6,3
21,4
7
34,7

Más de la mitad de las tierras (34,7 Km2, frente a 33,7 Km2) estaban destinados a pastos, sotos y choperas sin cultivar. Poco había cambiado la situación en 1930, por lo que mejor se explica el conflicto por las tierras en disputa y los roturos . En particular los pastos de secano, llegan a 29,8 km2 (44% de las tierras). De la Granja de Imas, el 71% se dedica a pastos y sotos, sin cultivar, situación escandalosa en el contexto de un campesinado pobre, carente de tierras de cultivo.




Tierras bajas
Tierra altas
Imas
TOTALES
Tierra de labor Secano
10,5
8
0,8
19,3
Tierra de labor regadío eventual
1,5
0,4
0,7
2,6
Tierra Regadío
2,5
0
0,8
3,3
Sub total
14,5
8,4
2,3
25,2
Huertas
0
0,1
0,1
0,2
Frutales
0,15
0
0
0,15
Sub total
0,15
0,1
0,1
0,35
Viña Riego Eventual
0,35
0
0
0,35
Viñas Secano
1,5
2,5
0,3
4,3
Sub total
1,85
2,5
0,3
4,65
Viña con Olivo Riego Eventual
1
0
0
1
Viña con olivo Secano
0
1,5
0
1,5
Sub total
1
1,5
0
2,5
Olivar Regadío
0,15
0
0
0,15
Olivar Regadío Eventual
0,15
0
0,2
0,35
Olivar Secano
0
0,5
0
0,5
Sub total
0,3
0,5
0,2
1

La viña y el olivar estaban creciendo. 4,65 Km2 de viña, más 2,5 Km2 de viña con olivo, interesante categoría que aún se apreciaba en Mendavia pos los años 60. 1 Km2 se dedicaba a olivo con exclusividad.



Tierras bajas
Tierra altas
Imas
TOTALES
Subt.
Tierra de labor Secano
10,5
8
0,8
19,3
19,3
Tierra de labor regadío eventual
1,5
0,4
0,7
2,6

Tierra Regadío
2,5
0
0,8
3,3
5,9
Huertas
0
0,1
0,1
0,2

Frutales
0,15
0
0
0,15
0,35
Viñas Secano
1,5
2,5
0,3
4,3

Viña Riego Eventual
0,35
0
0
0,35

Viña con Olivo Riego Eventual
1
0
0
1

Viña con olivo Secano
0
1,5
0
1,5
7,15
Olivar Secano
0
0,5
0
0,5

Olivar Regadío
0,15
0
0
0,15

Olivar Regadío Eventual
0,15
0
0,2
0,35
1
TOTALES
17,8
13
2,9
33,7


Estos datos permiten establecer un contrapunto, hasta conseguir informaciones más precisas para la situación de las tierras cultivadas en Mendavia, inferidas en base a estudios generales de las distintas zonas de Navarra.Según tales estudios se había concluido cierta aproximación que ahora contrastamos:



Inferencias 1930
Planos 1883

Miles de robadas
KM2

SECANO
34,2
30,7
19,3
REGADIO
16,5
14,8
5,9
HUERTA
0,6
0,5
0,35
VIÑA
5,1
4,6
7,15
OLIVAR
0,6
0,5
1
TOTAL
57
51,1
33,7

La principal conclusión que se extrae es que las tierras improductivas, desde el punto de vista del cultivo, eran mucho mayores. Secano y regadío apenas llegan a la mitad de lo estimado. Esto aporta una gran sombra de dudas sobre los métodos según los cuáles los especialistas estiman la superficie cultivada estableciendo zonas en Navarra (Mendavia, zona 2), así como hace ver lo imperfecto de las inferencias estadísticas, sin tomar en cuenta las particularidades.Otra conclusión interesante es que la superficie de viña y olivar fue mucho más importante de lo estimado (hasta un 60 % más). Habrá que esperar por nuevas fuentes que permitan precisar aún más lo relativo a las tierras de cultivo de Mendavia.


jueves, 22 de septiembre de 2016

OFICIOS VINCULADOS A LA IGLESIA, EN MENDAVIA SIGLO XVIII


Cerrajeros, latoneros y vidrieros

A fines de 1746 los cabildos encargan a Pedro de Ibáñez, maestro cerrajero de la ciudad de Logroño, la hechura de dos púlpitos de hierro similares a los de la Basílica de San Gregorio Ostiense, sin pedestales y sujetos a las paredes.  El costo fue de 2975 reales a 36 maravedies el real, pagados por partes según la obra se iba realizando. El 20 de junio de 1747 ya habían sido colocados los púlpitos, a los que después de diversos reconocimientos les hizo algunos retoques.
Ese mismo año, los dos cabildos se ajustaron con Fermín Ezcárate, maestro latonero, vecino de Pamplona, para que hiciera dos docenas de candeleros pequeños y media docena grandes, del metal bronce, a razón de tres reales la libra y dos atriles del mismo metal. Costaron 246 reales.
En 1751 se encargan las vidrieras para las ventanas de la nueva sacristía a Félix Marrochin, vecino de Tudela. Les hizo un presupuesto de setecientos reales. En 1754 al rehacer  la capilla del Santo Cristo se daña una vidriera y entregan los restos a Juan Blas de Urquizu, primiciero de la iglesia. En 1760 se encarga al oficial vidriero Joaquín Fernández, vecino de Viana, fabricar nuevas vidrieras.

Estañadores                                                  

Los estañadores son de paso. No obstante, en 1797 se hace mención del estañador Nicolás Primo, italiano. Pide una peseta por estañar una garrapiñera. También recibe una porción de carbón por reparar una caldera y un sartén.

Plateros

Antonio Hernández y Francisco Iturralde son los maestros plateros de Pamplona que contratará la villa de Mendavia en la segunda mitad del siglo XVIII.
Los cabildos eclesiástico y secular deciden el año 1746 hacer una lámpara, una cruz, media docena de vinajeras, dos cálices con sus patenas, un copón, un calderillo y una campanilla, y otros útiles religiosos más menudos, todo de plata. Se concreta el trabajo con Antonio Hernández, maestro platero de Pamplona, quien se reunen con José Solano, vicario y Juan Blas de Urquizu, alcalde de la villa en representación de los cabildos. Entonces detallan que la lámpara será de 500 onzas de plata castellana, igual a la de la iglesia parroquial de Lodosa. La hechura cuesta por cada onza dos reales y tres cuartos. Con el platero establecen el acuerdo en documento detallado. Se le entregan al platero 1.600 reales para adelantar la obra. En abril de 1747 entrega las piezas, agregado el dorado de San Juan, el de los cálices, copón, portapaz, etc, suma la cuenta un total 8.258 reales y doce maravedíes (de acuerdo al contrato inicial daría unas 3000 onzas de plata trabajadas, aproximadamente 86 kilos). Se le descontaron en el pago los 1.600 reales de adelanto y el copón antiguo, dos vasos, un cáliz y dos patenas viejas, que pesaban 155 onzas y 5 ochavas de plata. La obra de plata fue reconocida por Juan Francisco Montalvo, contraste y refinador de la ciudad de Pamplona, y de José Tabar y Martín de Lizasoayn, artífices plateros, en presencia del licenciado don Ramón de Ibarra, abogado de los Tribunales Reales de dicho Reino.
Con las múltiples obras en la iglesia durante el año 1749 se acuerda guardar las piezas en lugar seguro.
En las circunstancias de guerra contra los franceses, en septiembre de 1794, tuvieron que prestar al Reino, por no tener dinero, la lámpara, la cruz, seis candeleros, cuatro platillos con sus vinajeras, dos cetros, una calderilla y un cáliz antiguo con su patena filigranado. Ya no se recuperaron, sino una parte en dinero.
Con ese dinero volvierona encargar en diciembre de 1796 al platero de Pamplona Francisco Iturralde: una lámpara de 400 onzas de peso, 6 candeleros y su cruz de 360 onzas, una cruz de procesión de 120 onzas, y otras alhajas para un total de 1.242 onzas de plata.

Relojeros

Consta que a principios del siglo XVIII había un reloj en la torre. La construcción, arreglo y cuidado era decidido por los dos cabildos, y cada uno pagaba la mitad. Fueron relojeros en Mendavia Juan Sainz de Gumiel (1707) y Juan Crespo, vecino de Viana (1708-1726). A éstos se les pagaba por los arreglos hechos.
A partir de entonces se condujeron relojeros que cobraban, seis robos anuales con obligación de venir cuando los llamasen. La iglesia no tiene bligación de pagar cosa alguna, excepto en el caso de que haya rompimiento de pieza.
José de Castejón, maestro relojero de Caparroso fue conducido hasta 1746, en que lo despiden, pues no lo logra reparar el reloj después de varias veces en que acude. Los cabildos nombran entonces a  José García de Nestares, con el salario de 6 robos de trigo anuales (para el día de San Miguel) pagados la mitad por cada cabildo. En 1748 se vuelve a dañar seriamente el reloj. Se contrata por 8 años un nuevo relojero,  Domingo Dombrasas de Estella, con las mismas condiciones. Pero en 1749 tienen que volver a llamar a José García.
Hacia finales del siglo hay cuidadores del reloj en el pueblo, que cobran un salario en moneda. Juan Agustín Sagredo (1771), presbítero y sacristán, y Félix Ximénez (1782) sacristán reciben 66 reales anuales por este cuidado. Sin embargo se sigue conduciendo a Antonio Ocio (1783), como maestro relojero, por los mismos 6 robos de trigo anuales. 
El año 1786, a la nueva torre se le coloca un nuevo reloj. Lo hizo Pedro José Merino, maestro relojero de Los Arcos. Se le pagaron 2600 reales.

Maestros campaneros

Las campanas eran un importante elemento en la vida del pueblo, ellas tocaban cuando había difuntos adultos, a «mortichuelo» cuando fallecía un niño, a «rebato» por incendios o peligros y a gloria en fiestas.
En 1652 se hizo una campana grande que bendijo el vicario Miguel Ximénez de Leorin. Magdalena de Torres, mujer de Miguel Quadrado y Leache, fue la madrina de la bendición.
En 1772, Mateo Mier, maestro campanero de Pamplona, funde dos campanas grandes que están rotas y las hace nuevas, del mismo calibre. Ajustan en 1480 reales, pero al término del trabajo le pagan más: 2340 reales. Juan Antonio Zalduendo protesta estos gastos.
Xavier de Aristu, maestro campanero que opera en Sesma, funde otra campana para el reloj en 1786. José de Mendoza, maestro campanero de Pamplona, funde dos campanas más en 1797, por 1.400 reales. En 1798 se decide hacer una campana mayor para el reloj.
Un siglo después, en 1901 se contrató para refundirlas de nuevo a los maestros campaneros don Heriberto Quintana, vecino de Isla, Santander, y don Constantino Haro, de Pamplona, con autorización de la autoridad eclesiástica de la provincia.

Escultores

En 1746 se llama a Xavier de Col, escultor, para hacer dos guardavoces para los púlpitos. La traza la hizo previamente fray Pacual Galve. Al escultor se le pagan 800 reales. La planta de los guardavoces es ochavada, tienen a los cuatro evangelistas, y al Espíritu Santo, con unas nubes y algún serafín. Son madera de pino de buena calidad. Un de ellos está hecho para San Juan Bautista y otro para San Sebastián, ambos patronos de la villa en esta fecha. Marcial Soria, maestro escultor de la villa de Sesma, hizo los reconocimientos de la obra.
En 1752, el exvicario Joseph Solano y Velasco regala un retablo para la sacristía. El grupo escultórico representa el nacimiento del Niño Jesús. Actualmente se encuentra en el museo diocesano y en su lugar hay una fotografía del mismo.
En 1758 José de Albisu, maestro tallista, realiza otros adornos en los cajones de la sacristía. Xavier de Col, escultor de Viana, revisa la obra a principios de 1759. No todos los concejales están de acuerdo con este trabajo, pues la iglesia se hallaba empeñada por 680 ducados y urgía reparar la capilla mayor. Sin embargo, se procedió.
El trabajo más costoso se realizó en 1771. Miguel López Porras, maestro escultor, talló varias capillas en algo más de 24 mil reales.
En 1791 la Cofradía de San Isidro y San Antonio Abad, encarga a Ramón Villodas construir un retablo para el santo.  Ramón Villodas Lafuente fue escultor nacido en Sesma, hijo de Dionisio, también escultor. Por influencia de Silvestre Soria, Ramón estuvo en la Academia de Bellas Artes de Madrid, donde se conserva alguna obra suya  premiada en uno de sus certámenes. Realizó trabajos en la merindad de Estella. En Sesma se conserva un Crucificado en la capilla del Cristo y un San José en el retablo neoclásico. En 1801 el cabildo pide de nuevo a Ramón Villodas hacer un altar mayor y una imagen de Nuestra Señora de la Concepción. Anselmo Villanueva, de Logroño, declara como comisionado de efigies y otras figuras de la Santa Inquisición en Navarra. Le encuentra imperfeciones y la tasa en precio inferior al solicitado. Ramón Villodas la perfecciona.
En 1796, Anselmo Salanueva, escultor de Logroño, hace un san Isidro por 600 reales, y pinta a santa María de la Cabeza, por 50 reales de vellón.
En 1799 con discrepancias en el cabildo se decide aprobar la hechura de un monumento en 2.600 reales de plata. El carpintero Xavier Morales, hace los tablados por 30 pesos. Matías Garrido, maestro pintor nacido en Calahorra, es el encargado de hacerlo. Era vecino de El Ciego (Álava). Allí realizó los adornos de la sillería coral (1761), el retrato del arzobispo Navarrete (1762), las imágenes del Santo Cristo y la Dolorosa (1763) y los relieves de las cajonerías de la sacristía (1797). En la parroquia de S. Juan de Laguardia pintó el retablito y el zócalo de la cajonería de la sacristía (1770-1771) y el retablo de San José (1777). En Naváridas tiene unos murales (1775-1776) y los retablos de las capillas (1798). En 1780 trabajó en la iglesia de la Asunción de Labastida (Álava).

Doradores

En 1754 se encarga la limpieza del retablo a Francisco Capelares, maestro dorador. Hace la propuesta para limpiar el retablo mayor, lucir el coro, retocar las figuras y estatuas que tiene, y barnizar todas las pinturas al precio de 80 pesos siempre que le proporcionen los andamios. Se le pide que a las figuras que les falte alguna encarnadura, se les de con albaialde frío y aceite de nueces, encarnándolas conforme a arte. Bernabé Bea, maestro pintor y dorador, vecino de Lodosa revisa los trabajos y los encuentra bien. En el cuadro del Santo Cristo del altar mayor, se pinta la ciudad de Jerusalén; todo lo que se halla dentro de dicho cuadro y sus costados y todo el resto de cuadros y figuras, lo limpia en correspondencia con la limpieza anterior. El cuadro de la Resurrección que se halla en la puerta del sagrario, lo encarna, retoca los colores y los barniza con barniz de espíritu y limpia el sotabanco. Por todo ello regula la cantidad a pagar en 480 reales. También limpia y luce los altares de Nuestra Señora del Rosario, San Juan, San Francisco Javier, San Antonio y los cuadros de la sacristía.
En 1770 se encarga a Antonio Osorio, maestro dorador, dorar el retablo de San Francisco Xavier en 160 ducados. Los pagos se hacen por partes y se ha recogido de limosnas en moneda o en especies. Donan, entre otras, una vaca y un novillo.

Organistas

El 11 de noviembre de cada año era el día señalado para los nombramientos de sacristán, organista y primiciero, además deliberaban sobre los asuntos pendientes. En 1749 era organista Mathias Martínez de Espronceda. Era también un buen compositor y, al haber algunas misas sin solfa, los cabildos determinaron, con alguna protesta por el gasto de pergamino, que se compusieran y redujeran a solfa dicha misas.

Libreros

En 1750 Fabián Carrascal, maestro librero, compone dos libros de coro, cuatro misales y cuatro cuadernos de Réquiem. Pablo Santos Marín, maestro librero de Logroño, estima que el trabajo está bien. El costo es de 113 reales de vellón.  Y la revisión 16 reales de plata.
También componen libros en blanco para anotar cuentas, tanto en la parroquia como en el ayuntamiento, los maestros libreros Joseph Berdún (1753), Juan Berdún (1758) y Antonio García, éste de Pamplona (1771).

Cereros


A Mateo Plaza, maestro cerero, se le compra cera en varias ocasiones. En 1772, 22 libras y una onza de cera a precio de 4 reales y cuartillo la libra, para la novena con el Cristo de Legarda por falta de agua. Al año siguiente, por dos novenas con Ntras. Sra. de Legarda, le compran 303,27 reales de cera. En 1779 compran a Juan Domingo El Verdin, maestro cerero de Estella 75 libras de cera, por 319 reales.

sábado, 6 de agosto de 2016

OBRAS EN LA IGLESIA DE MENDAVIA (SIGLO XVIII)

Enlosado, órgano, capillas y sacristía (1745-1759)

Además de la monumental obra del Nuevo Regadío se acometieron en estos años varios arreglos en la iglesia del pueblo. Existía un pleito tramitado ante el obispado de Pamplona, con apelación ante el tribunal de Burgos, por el que se solicitaba hacer una nueva iglesia. Sin embargo, en julio de 1745, dadas las necesidades del momento y las limitación económica, se juntaron los dos cabildos de Mendavia, eclesiástico y civil, y decidieron desistir de este proyecto y plantearse como alternativa la remodelación de la iglesia. En marzo de 1746 ambos cabildos, presididos por  don José Solano y Velasco, vicario, y Juan Blas de Urquizu, alcalde, toman la decisión de quitar los ladrillos y encajonar el suelo, como tarea primera. Encajonar el suelo supone profundizar los cimientos unos dos metros y asentar los cruceros y las losas de cantera, con buena mezcla de cal y arena.

Especializaciones en el ámbito de la construcción (Mendavia, siglo XVIII)

Maestro Tracista: fray Galve (arquitecto)
Maestro Cantero: Domingo Ibar (ingeniero especialista en piedra)
Maestro de Obra (ingeniero, en general)
Maestro Albañil (albañil: obras en cal y arena, ladrillo, etc…)

Se piensa colocar losas nuevas en el presbiterio, con tres gradas, arreglar también los espacios dedicados al Cristo, a San Antonio, a Nuestra Señora del Rosario,  San Francisco Javier y San Sebastián; arreglar las sepulturas del lado del evangelio y las que están debajo del coro; arreglar los umbrales y escaleras de las puertas; hacer dos pilas de agua bendita a modo de concha; rehacer en piedra los espacios de la capilla y la pila bautismal; hacer una sepultura en el altar de las ánimas…
En abril se realiza el auto de candela. Presiden colegiadamente don José Solano, Vicario y don Antonio Lodosa, Teniente de alcalde. Se remiten carteles, según costumbre, a las ciudades de Viana y Logroño, y otros pueblos. Miguel de Arizmendi lo pregona en Mendavia,  a son de caja tañida. Juan de Bildosola, ofrece hacer la obra por 7.500 ducados. Jerónimo Solano, vecino de Sesma, maestro albañil, por 5.500. En mayo, tras la vientena establecida, José de Iloro, cantero de la villa de Marquina, entro ocho pujadores, se queda con la obra ofreciendo hacerla por 410 pesos (x8 = 3280 reales). En noviembre el maestro Iloro saca los escombros de la iglesia al corral de las campanas. Los huesos  de las sepulturas, que iban incluidos, ocasionaron problemas de salubridad, por lo que posteriormente los trasladaron a un barranco alejado del pueblo. El 10 de mayo de 1747 se terminó el encajonado y el maestro Juan de Bildosola lo reconoció conforme.
Durante las obras de encajonado, en marzo de 1746, se llama al organero Josef de Mañeru para que reconozca el órgano y diga lo que le falta y se ponga en candela dicha obra. En abril, Lucas de Tarazona, vecino de la villa de Lerín, hace un reconocimiento del órgano, dice en detalle lo que está en mal estado y le parece que apenas se salva algo de la ruina. Los fuelles, las teclas, los tubos, etc., todo necesita reparación. Hace un presupuesto de 280 ducados para componerlo. Visto esto deciden encargar su arreglo a Josef de Mañeru y Lucas Tarazona, vecinos de Lerín, en 270 ducados, y deberá estar en funcionamiento para septiembre, sin cambiar el secreto, que está bien conservado (el secreto designa a una caja que recibe el aire del fuelle y lo distribuye por los tubos, a voluntad del intérprete, según seleccione los registros y pulse las diferentes teclas… que pueden ser accionadas mediante sus manos o sus pies). Se atrasa la entrega pues Lucas Tarazona solicita posponerla hasta que se concluya la obra de encajonado, que puede afectar al órgano. En marzo de 1747 el órgano está listo. Se llama para el reconocimiento a Felipe de Urarte, maestro organero de Viana, pero no acude. En mayo se llama a Felipe Braña, otro organero de Viana, quien declara que las obras están hechas a la perfección. Para pintar la caja del órgano sugiere esperar a concluir las obras en la iglesia.

Joseph Mañeru Ximénez

Organero navarro nacido en Lerín en 1672. A sus 21 años era considerado como "maestro muy perito y de mucha experiencia en el dicho arte de organero" por las obras ya realizadas en la Colegial de Tudela, en Estella, Puente la Reina, Villafranca y Mendavia. Entre 1692 y 1697 amplía, arregla o hace los órganos de Falces, Milagro, Puente la Reina, Sangüesa y el de Santa Clara de Estella. Desde 1701 a 1738 revisa o construye los de la colegiata de Roncesvalles, Larraga, la Asunción de Urroz y San Lorenzo de Pamplona, San Esteban de Vera de Bidasoa, la Asunción de Miranda de Arga,  Santa María de Tafalla, San Miguel de Cárcar,  Santa María de Lerín, Santa Eufemia de Villafranca. Se considera su última obra, en 1745 el órgano de Santa Clara de Estella, sustituyendo al anterior. También en Mendavia en 1947 participó junto al organero de Lerín Lucas Tarazona en la renovación del anterior. De todos ellos solamente se conservan, muy deteriorados, los de Cárcar, Miranda de Arga, Lerín y Santa María de Tafalla. (José Antonio Arana Martija, http://www.euskomedia.org)


En febrero de 1747, adicionalmente, los dos cabildos habían resuelto hacer dos capillas. Piden a Iloro que haga presupuesto, poniéndose de acuerdo con fray Pascual Galve para hacer las trazas. Finalmente se decide hacer sólo la capilla del Santo Cristo y agrandar la sacristía. Las condiciones incluyen los suelos y paredes de piedra. La piedra ha de ser labrada y no salinosa, rematando los huecos de ladrillo, los tejados a tres vertientes,  el maderamen de pino. El blanqueado corre por cuenta del maestro, mientras que asentar los marcos en puertas y ventanas, asentar las tejas y las vidrieras corre de cuenta de la iglesia. Para la capilla, se harán dos ventanas con vidrieras, dos altares de mampostería forrados con yeso, una tarima de piedra y espacio para catorce sepulturas. En mayo se realiza el auto de candela para las obras. Presiden colegiadamente don José Solano, Vicario y don Blas de Urquizu. Se adjudican las obras al maestro Bildosola. Al cumplirse el veinteno,  se obliga a ejecutar las dichas obras en 1.500 pesos. Parece ser que hubo inconvenientes, pues fue el 7 de agosto cuando tomaron postura José García, José de Iloro, Domingo Ibar, Santiago Alonso y Manuel Ayala, maestros canteros y se la quedó Domingo Ibar por 1.296 pesos, con el compromiso de finalizarla antes de diciembre de 1748.
Al no realizarse en el tiempo establecido, Domingo Ibar, tomó fiadores de Mues (su pueblo de residencia) y Arróniz.  Logran acuerdos y en marzo de 1749 comienza Domingo Ibar a derribar la capilla del Santo Cristo (tejados y paredes). Para ampliar la sacristía se necesita comprar los corrales de Francisco y Antonio Lodosa (anterior alcalde), que no se ha hecho. Todo se retrasa. En julio llaman a fray Pascual Galve, para que revise las obras, y aprueba lo hecho hasta la fecha. En agosto, Ibar es apresado en la cárcel de Mendavia a denuncia de varios acreedores que lo quieren llevar preso a las cárceles reales. Ante esta novedad, su hermano Lorenzo Ibar se compromete a terminar las obras en las mismas condiciones de su hermano.
Un gasto adicional se hará por el traslado de la piedra. Los maestros Lorenzo Ibar y Santiago Eleta piden en septiembre que la lleven hasta la iglesia y no hasta el portillo.
Ramón Ordóñez y compañía, llevan 151 carretadas. Sebastián de Morentin, vecino de Lodosa, se compromete a conducir 38 carretadas desde Sesma y 70 desde la pedrera de Mendavia. Matías Ángel Hernández y Bernabela Rodríguez, 51 carretadas. Antonio Morcate, 52 carretadas. Con otros más, suman 423 carretadas de piedra. Trabajan en la obra los maestros albañiles Gerónimo Solano y Pedro de Fuentes, vecinos de Sesma, y se comprometen a poner todo el ladrillo, madera, tabla, teja, yeso y demás materiales, excepto el agua.
A primero de noviembre de 1749 los cabildos toman la resolución de tomar quinientos ducados de los censos que tienen a favor de la iglesia para pagar los gastos adicionales que van surgiendo. Hay protestas en el pueblo por el costo de la obra. Domingo Ibar ya está libre y se ha hecho cargo del final de la obra. En noviembre de este año se concluye. Llaman a fray Pascual Galve y Gerónimo Solano para reconocerla. Declaran que los constructores deben de recibir más dinero por las mejoras, entre otras, catorce sepulturas y al asiento y fijamiento de las vidrieras. En diciembre los constructores amenazan con llevar a juicio al cabildo. En abril de 1951 varios poseedores de antiguas sepulturas también amenazan con juicios por sus pretendidos derechos sobre las nuevas sepulturas. Las cosas de la iglesia no terminaron tan bien.
En 1754, el nuevo vicario Miguel Ignacio de Echalecu pide hacer archivo eclesiástico de la obra de Domingo Ibar. Se queja de las ventanas de la sacristía, y se resuelve abrir una más hacia la parte del cementerio. En esta ocasión no pudo venir fray Pascual Galve a hacer las trazas por lo que se llamó a Martín de Bazca, maestro cantero que estaba trabajando en la granja de Imas. Dio presupuesto para el archivo y ventana, y se expuso el costo total de la obra de capilla y sacristía: 24.722 reales (se incluyen armado de cajones, retablo, ornamentos, órgano, etc… que no estaban contemplados en el pago al cantero Domigo Ibar).
En 1759 proyectan construir otra capilla más. A pesar de ciertos inconvenientes, pues la calle es estrecha, habría que demoler parte de la casa del vicario, y los recursos económicos no son muchos, sin embargo, la obra se sacó a candela. Domingo Ibar se comprometió a terminarla para el año siguiente en 1.134 pesos. Domingo no la culminó y se la pasó a su hermano Lorenzo, pero el 13 de diciembre renunció a la obra por hallarse preso en la cárcel de la villa. Se hizo cargo Antonio García, vecino de Lodosa, que fue quien la culminó.

Algunos arreglos más en la iglesia (1760-1775)

En 1760 nombran a Martín Maduro y Antonio Suso por parte del cabildo, y Antonio Barinaga y Francisco de Aguirre, maestros canteros de la ciudad de Tafalla, por parte de Domingo Ibar, para el reconocimiento de las obras que se van a entregar, capilla, casa vicarial, casa de la primicia, bodega, lago y granero. Domingo Ibar debe de ejecutar una sepultura, debe escombrar todo lo que denominan cementerio, la iglesia y la calle, dejándola igualada. En 1764 se arreglan las cancelas de la puerta sur de la iglesia.

Antonio de Barinaga

El maestro cantero Antonio de Barinaga, vizcaíno, en la segunda mitad del siglo XVIII realiza la construcción de una nueva torre en la iglesia de San Miguel de Larraga, ajustándose a la tipología de campanario riojano-alavés.
En 1752 realizó el enladrillado de la iglesia Santa María de Los Arcos. Se firmó escritura el 29 de febrero de 1752 de acuerdo con el condicionado dispuesto por fray Pascual Galbe o Galbiz, monje de Iranzu pero con residencia en la aneja granja de La Monjía, en terrenos lindantes de Torres y Elbusto. La primera parte, en el atrio, quedó concluida para diciembre. Tras un pleito entablado por el excesivo costo, se  concluyó el enladrillado del claustro para navidades de 1755. Participa en la ampliación de la iglesia de Mendavia con una capilla, entre los años 1771 a 1775.

En 1771 el maestro cantero Antonio Barinaga hace las trazas para ampliar la iglesia con  una capilla hacia el sur y otra hacia el norte. Miguel López de Porras, escultor y vecino de la villa de Torres, se queda con la obra en 24.509 reales. Hará 15 sepulturas en cada capilla, las vidrieras con sus tres rejas quedarán a beneficio de la fábrica de la iglesia y especifican medidas, gruesos, bóvedas etc. Será Antonio Barinaga quien en 1775 comunique al cabildo la culminación de las obras. Sebastián de Ondicola reconoce la obra y señala las mejoras con arreglo a las trazas, y que falta por lucir con cal y concluir el pórtico.

Miguel López Porras

Escultor avecindado en Torres y más tarde en Viana, en 1785 concluye tres retablos neoclásicos para la Capilla de San Juan del Ramo de Viana,  según las trazas de Francisco Sabando, logroñés, aprobadas por la Real Academia de San Fernando de Madrid.

Construcción de la torre (1781-1785)


Una obra representativa de Mendavia será su esbelta torre, que sirvió de modelo para otras de la región. En 1768 se discute el proyecto. Por una parte, se dice que no hay dinero; por otra, se insiste en su necesidad pues la torre que hoy tienen, está expuesta a derrumbe y las campanas a caerse. Deben esperar hasta 1780 cuando se llama a Santos Ángel Ochandátegui, maestro arquitecto, para que presente trazas y condiciones para la fábrica de la nueva torre. En 1781 ajusta el precio en 84.866 reales. Él traerá bueyes y otras caballerías, tendrá goce de hierbas, se le dejara paso franco a las canteras, así como hacer yeso, cal, o cualquier otra especie que necesite. Será obligación del maestro quitar las campanas del paraje donde están y subirlas al que deberán estar, cubriendo el sitio con un tejado. En 1785, tras cuatro años de construcción, se culminó la torre y quedaron saldadas las cuentas con el maestro. Así quedó rehabilitado su renombre después de su participación más discutible en las obras del regadío de El Arenal. Quedaron pendientes las campanas, el reloj y los adornos en la iglesia. En 1790 se recomponen las losas de algunas sepulturas, se adquieren vestuarios y otros bienes litúrgicos.